Las voces del incendio de Santander que el tiempo no ha podido borrar tras 85 años: "Lo recuerdan obsesivamente..."

El incendio que arrasó Santander en febrero de 1941 no solo destruyó edificios, sino también los recuerdos y la forma de vida de una generación. Para que esa memoria no arda, la asociación UNATE y el proyecto Legado Cantabria estrenan este sábado 14 de febrero (18:00 horas con entrada gratuita) en la Filmoteca de Cantabria el documental 'La memoria no arde'. En una entrevista con Jaime del Olmo, el gerente de UNATE y coordinador del proyecto, Paco Gómez Nadal, explica la importancia de recuperar los testimonios de quienes lo vivieron. El documental recoge 17 testimonios de personas que presenciaron la tragedia, entre ellas cuatro personas centenarias que eran adolescentes en aquel momento. El objetivo no era centrarse en datos históricos, sino en lo que Gómez Nadal denomina 'la memoria indeleble': “Es eso que no se puede borrar, eso que nos ha quedado como en el ADN colectivo de la ciudad”, afirma. Por ello, el coordinador del proyecto insiste en que “no es un documental para entender el incendio, aunque se entienden muchas cosas; es un documental para entender que hay cosas que da igual el tiempo que pase, están en la memoria colectiva”. Se busca resaltar la fortaleza para la reconstrucción, la solidaridad entre vecinos y cómo se forjó el carácter de varias generaciones. Entre lo que más ha impactado a los creadores de los testimonios se encuentra la omnipresencia del viento sur, recordado de forma “casi obsesivamente” por los supervivientes. Gómez Nadal relata el drama de quienes vieron “cómo su casa se resquebrajaba, cómo perdían absolutamente todo”. El documental también aborda cómo la reconstrucción provocó una “especie de contrarreforma urbanística”. Tras el incendio, el centro de Santander “se convirtió en un lugar para cierta clase social y el resto tuvo que salir”, explica Gómez Nadal. Este proceso, que hoy se conoce como gentrificación, obligó a muchas familias a empezar de cero lejos del barrio donde habían nacido, marcando para siempre la estructura social de la ciudad. Las personas entrevistadas, según Gómez Nadal, pertenecen a generaciones “que han sabido superar muchos momentos críticos”, como la Guerra Civil y la dureza de la posguerra. A pesar del trauma, “han sabido construir vidas, no solamente satisfactorias para ellos, sino también para sus familias”. Otro de los objetivos del documental es demostrar que las decisiones tomadas tras la catástrofe siguen vigentes: “La ciudad todavía está condicionada por lo que pasó hace 85 años y eso es muy impresionante”, subraya Gómez Nadal. Entender ese pasado, argumenta, es clave para “pensar la ciudad a futuro”. Finalmente, el documental es una invitación a “aprender a escuchar” a los testigos vivos de la historia: “Este país, por desgracia, ha vivido muchas décadas de silencio y ahora como que cuesta hablar”, reflexiona Gómez Nadal, quien defiende la escucha como un pilar para la “convivencia democrática”.