Eduardo Ordóñez: «Las escuelas no son fábricas de toreros: enseñan esfuerzo, respeto y superación»

El Salón de Carteles de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla volvió a convertirse en aula mayor de la tauromaquia. Allí, bajo la liturgia de los carteles que resumen la memoria del toreo, se celebró la tercera y última sesión de las XXIV Lecciones Magistrales del Aula Taurina de Sevilla , centrada en un asunto medular: «La promoción de la cultura taurina en Andalucía. Las escuelas taurinas andaluzas». El encargado de poner voz a esa realidad fue Eduardo Ordóñez Acosta , presidente de la Asociación Andaluza de Escuelas Taurinas 'Pedro Romero' , quien defendió con claridad el papel vertebrador de estos centros formativos. «Desde hace casi tres décadas, estas escuelas vienen desarrollando una labor fundamental en la defensa de la tauromaquia, entendida no solo como espectáculo, sino como manifestación cultural, educativa y social, sustentada en la pedagogía, el compromiso y la transmisión de valores», aseveró. La sesión, moderada por el periodista Emilio Trigo, contó con la presidencia del Coordinador General de la Secretaría de Interior, Juan Manuel Pérez Alarcón, y de Miguel Serrano, presidente del Aula Taurina y de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, en un acto que combinó reflexión institucional y emoción de oficio. El origen de este entramado común se remonta al 7 de junio de 1997, fecha de constitución de la Asociación Andaluza de Escuelas Taurinas 'Pedro Romero', impulsada con el respaldo de la Junta de Andalucía y de Canal Sur Televisión. «Este apoyo institucional y mediático permitió poner en marcha el ambicioso 'Programa de Fomento de la Cultura Taurina Andaluza y de los Jóvenes Valores del Toreo', materializado en competiciones y espectáculos de alto nivel técnico y artístico , ampliamente aceptados por el público y convertidos en una referencia dentro y fuera de Andalucía», afirmó Ordóñez. Hoy la Asociación integra 30 escuelas repartidas por toda la comunidad, con cerca de 500 alumnos formándose en sus aulas y tentaderos . Pero más allá de las cifras, Ordóñez quiso subrayar la dimensión humana del proyecto. «Las Escuelas inculcan valores de esfuerzo, compañerismo, trabajo en equipo, superación y todo lo que la sociedad pasa por alto, como el respeto». Negó con rotundidad que se trate de simples centros de producción de espadas, subrayando que «las Escuelas no son fábricas de toreros» , y defendiendo que «a todos los alumnos se les respeta su personalidad, y las Escuelas ponen las herramientas necesarias para alcanzar los sueños de ser torero». Los datos ofrecidos durante la sesión avalan esa trayectoria: «108 ganaderías han participado en los 28 años del programa de Fomento de la Cultura Taurina Andaluza, así como 109 matadores de toros y 78 novilleros con picadores », cifras que evidencian la dimensión estructural del proyecto. De cara a 2026, el presidente avanzó que «este año el proyecto común alcanza en la temporada 2026 el 27º Encuentro Andaluz de Escuelas Taurinas, el 28º Ciclo de Becerradas y el 32º Ciclo de Novilladas sin picadores retransmitidas por Canal Sur TV». Además, anunció que «se visiona una nueva gestión en el futuro de las Escuelas Andaluzas, con la incorporación de un organigrama interno más amplio y diverso». La intervención también tuvo acentos autobiográficos. Ordóñez recordó que las Escuelas «Nacen después de haber gestionado la desaparecida Escuela de Jerez de la Frontera, y esa experiencia le animó a impulsar un proyecto común en todo el territorio andaluz». Reconoció que «actualmente los resultados son muy exitosos en todos los niveles» y agradeció «Con efusividad el incansable trabajo de los maestros, profesores y de su Junta Directiva», así como el respaldo de las administraciones y de la propia Real Maestranza. Matador de toros y presidente de la Asociación desde su fundación, tomó la alternativa en 2001 en Olvera, tras una etapa de formación marcada por el sacrificio. «Conseguí el sueño de ser matador de toros tras perseguir esa ilusión desde los festejos populares, como las capeas en Guadalajara». Y evocó una adolescencia de vocación radical: «Con 15 años me fui a buscar la suerte del toro y para comer tenía que torear; después, una vez de vuelta en Jerez, estudié delineación y me hizo un gran profesional». En tiempos de debate cultural, las Escuelas Taurinas Andaluzas —bajo la presidencia de Eduardo Ordóñez Acosta y el respaldo de su Junta Directiva— continúan afirmándose como baluarte de identidad. «Las Escuelas Taurinas Andaluzas continúan siendo un baluarte de identidad y un ejemplo de cómo la tradición puede convivir con la formación moderna , el rigor educativo y el respeto a la diversidad», concluyó Ordóñez, en una Maestranza que volvió a sonar a futuro.