Radiografía de un pirómano: la búsqueda de poder y adrenalina explican la quema de 14 coches en Adeje

La Guardia Civil ha detenido recientemente a un joven de 28 años, vecino de Adeje, como presunto autor de una cadena de incendios que ha afectado a un total de 14 vehículos en el municipio durante las últimas semanas. El individuo, que ya ha sido puesto en libertad con cargos, sembró una gran alarma social al actuar siempre de madrugada y provocar daños que llegaron a afectar a las viviendas colindantes a las zonas de estacionamiento. Según ha explicado Inmaculada González, portavoz de la Guardia Civil, en  'Herrera en COPE Tenerife', los incendios se produjeron en un corto periodo de tiempo, aproximadamente tres semanas. La investigación, llevada a cabo por el equipo de policía judicial, logró vincular todos los sucesos a una misma persona gracias al análisis de diversos indicios y pruebas recogidas en las inspecciones oculares. La colaboración ciudadana fue clave para aportar datos que, junto a las evidencias, permitieron identificar, localizar y detener al presunto autor. El detenido actuaba siempre de madrugada, seguía un modus operandi similar en todos los casos y utilizaba una vestimenta muy parecida en cada uno de los actos. Los agentes han podido esclarecer que el fuego se iniciaba en la parte trasera de uno de los vehículos, propagándose con facilidad a los coches cercanos. Estos actos vandálicos no se producían en zonas aisladas, sino en entornos concurridos del municipio de Adeje, como el entorno del parque Pedro Zerolo o en la zona de El Galeón, donde se ubica un conocido centro comercial. La peligrosidad de los incendios llegó a poner en riesgo la integridad de varios vecinos. En uno de los casos, el fuego calcinó dos vehículos y una motocicleta, afectando también a la terraza, el vallado y la puerta de acceso principal de una vivienda mientras sus ocupantes dormían en el interior. Además, entre los vehículos afectados se encontraba un coche híbrido, cuyas baterías representan un riesgo añadido en este tipo de siniestros. Pero la cuestión nuclear es: ¿qué lleva a una persona a cometer estos actos? Para analizar el perfil psicológico del detenido, el programa ha contado con el psicólogo José Rivero, quien ha arrojado luz sobre las posibles motivaciones. Rivero descarta que el placer sea el mismo que el de un pirómano que quema un monte, apuntando más a un componente de desafío social y empoderamiento. El experto señala que el acto de reducir un vehículo a cenizas puede generar una potente sensación de control y superioridad. "Estas personas se fabrican en su mente una especie de lógica, que implica que reducir a cenizas un vehículo les otorga una sensación de control, de superioridad", ha explicado Rivero. El uso de una vestimenta similar en cada incendio refuerza esta idea, funcionando como una especie de "uniforme de batalla" que simboliza un desafío al poder y a las normas establecidas. Detrás de este comportamiento se esconde, según el psicólogo, un probable alto nivel de inadaptación social. Esta desconexión con la norma, la convivencia y la falta de empatía se ve agravada por una baja tolerancia a la frustración. El incendio se convierte así en una vía para liberar la frustración personal a través de un acto que genera una descarga masiva de adrenalina. José Rivero ha destacado dos elementos neurobiológicos clave: la dopamina y la adrenalina. El cerebro se acostumbra a la sensación de euforia que produce vencer un reto, lo que exige que el siguiente desafío sea mayor para obtener la misma recompensa. "El siguiente desafío tiene que ser más fuerte para que genere esa misma dosis de adrenalina en mi cuerpo, con lo cual voy a buscar un desafío mayor", afirma el psicólogo, sugiriendo que estos actos vandálicos probablemente comenzaron con pequeños actos que fueron escalando. Finalmente, Rivero apunta a ciertas influencias de la sociedad actual, como la cultura de las sensaciones fuertes y la satisfacción rápida. También menciona el posible impacto de los videojuegos, que pueden fomentar una sensación de que "la ciudad es mía" y el entorno es algo que se puede controlar. Esta percepción, sumada a un discurso social de que "todo el sistema está mal", puede llevar a algunos jóvenes a sentir que tienen derecho a tomarse la justicia por su mano y encontrar justificación a sus acciones. Tras la detención, que ha sido posible gracias a la minuciosa investigación de la Guardia Civil y la colaboración ciudadana, el joven de 28 años se encuentra en libertad con cargos a la espera de juicio. El análisis de su perfil psicológico ofrece un complejo panorama donde la búsqueda de poder, la necesidad de adrenalina y una profunda inadaptación social se entrelazan para explicar una conducta que ha alterado la tranquilidad de todo un municipio.