Modificar genéticamente las células del propio paciente para que ataquen el cáncer parecía, hace apenas dos décadas, una idea futurista. Hoy es una realidad clínica que ha beneficiado a más de 50.000 personas en todo el mundo. Por convertir esa visión en tratamiento, Carl June y Michel Sadelain han sido reconocidos con el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Biología y Biomedicina. El galardón distingue a los dos científicos como los pioneros de la inmunoterapia con células CAR-T, una estrategia que transformado el abordaje de determinados cánceres de sangre , especialmente leucemias y linfomas resistentes a los tratamientos convencionales. Su trabajo, desde la investigación básica hasta los primeros ensayos en pacientes, ha supuesto un cambio de paradigma en oncología. La técnica consiste en extraer linfocito T—células clave del sistema inmunitario— de la sangre del propio enfermo y modificarlas genéticamente en el laboratorio para que expresen en su superficie un receptor artificial, denominado CAR( receptor quimérico de antígeno). Este actúa como un radar capaz de reconocer proteínas específicas presentes en las células tumorales. Una vez reinyectadas en el paciente, estas células reprogramadas identifican y destruyen de forma selectiva el cáncer. Michel Sadelain fue uno de los primeros en explorar, en los años noventa, cómo «enseñar» al sistema inmune a combatir tumores mediante ingeniería genética. Tras las primeras generaciones de receptores, su equipo logró desarrollar células CAR-T capaces de sobrevivir y multiplicarse en el organismo. En 2003 demostró en modelos experimentales que podían erradicar células malignas dirigidas contra la proteína CD19, presente en leucemias y linfomas. El salto decisivo a la clínica llegó de la mano de Carl June. En 2010 trató a los primeros pacientes con leucemia avanzada que ya no respondía a ninguna terapia. Los resultados superaron las expectativas: algunos enfermos lograron una remisión completa tras una única infusión. De hecho, uno de los primero pacientes mantuvo células CAR-T activas en su organismo durante más de diez años. A raíz de estos ensayos, la Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA) aprobó en 2017 la primera terapia CAR-T para determinados cánceres hematológicos, decisión que un año después siguió la Agencia Europea del Medicamento. Desde entonces, más de 50.000 pacientes han sido tratados con estas terapias, consideradas el primer «medicamento vivo» de la historia: células que no se metabolizan como un fármaco convencional, sino que pueden persistir durante años en el cuerpo y mantener su acción antitumoral. España ha desempeñado un papel destacado en este ámbito. El Hospital Clínic de Barcelona desarrolló uno de los primeros programas académicos de CAR-T en Europa, lo que ha permitido tratar a centenares de pacientes y reducir costes. Varios expertos españoles que respaldaron la candidatura subrayan que el país se sitúa entre los más avanzados en el desarrollo de estas terapias celulares. El reto ahora es extender su eficacia a los tumores sólidos —como los de mama, colon o páncreas—, donde los resultados han sido hasta ahora más discretos debido a la complejidad biológica de estos cánceres. Aun así, miles de laboratorios en todo el mundo trabajan para superar estas barreras y ampliar el alcance de la inmunoterapia genética. Además, el potencial de las CAR-T va más allá de la oncología. Estudios recientes apuntan a su posible utilidad en enfermedades autoinmunes como el lupus y en infecciones crónicas como el VIH. Lo que comenzó como una hipótesis arriesgada se ha convertido en una de las revoluciones médicas del siglo XXI . Reprogramar nuestras propias defensas ya no es ciencia ficción, sino una estrategia terapéutica que sigue ampliando fronteras.