Joseph, estudiante de 19 años que falleció junto al Sagrario: "Cada noche se acostaba sabiendo que existía la posibilidad de que no se despertara"

La madrugada del 16 de enero se apagó de manera inesperada la vida de Joseph Malcolm Weinkopf, un estudiante de 19 años de Santa Paula, en California. Murió mientras dormía, tras sufrir un ataque epiléptico, una patología con la que convivía desde niño. Su fallecimiento ha causado una profunda conmoción tanto en el campus universitario como en su familia, marcada por la fe católica. Joseph era el tercero de siete hermanos en el seno de una familia numerosa y creyente. Sus padres, Mary Kate y Chris Weinkopf, lo recuerdan como un joven generoso, creativo y unido a sus hermanos. Desde pequeño mostró una especial capacidad para inventar juegos lo que le valió la admiración de  sus cuatro hermanos menores, a quienes acompañaba con entusiasmo tanto en el hogar como en el deporte, destacando en disciplinas como el béisbol, el fútbol y el atletismo. La vida espiritual ocupaba un lugar central en el día a día de Joseph. Según relatan sus padres en la necrológica publicada el 20 de enero, afrontaba la epilepsia con serenidad, refiriéndose a ella como su “cruz” y aceptando con entereza las limitaciones y tratamientos que implicaba. Cada noche, al acostarse, era consciente de que existía una pequeña posibilidad de no despertar, lo que le llevaba a vivir con mayor intensidad y sentido del propósito. Esa actitud explica por qué, en la que sería su última noche, acudió una vez más a la capilla del campus para rezar ante el Sagrario. Antes, había participado junto a sus amigos en la tradición de recorrer las residencias universitarias escribiendo con tiza bendiciones de la Epifanía en cada puerta. Tras completar su turno de trabajo en la cafetería del colegio, se dirigió a la capilla, donde permaneció en oración hasta el toque de queda. A la mañana siguiente, su familia recibió la noticia de su fallecimiento. Sus padres aseguran que fue en el centro 'Thomas Aquinas College' donde Joseph comenzó a desarrollarse plenamente, tras iniciar sus estudios en el otoño de 2024. Allí entabló profundas amistades. Disfrutaba especialmente de las clases de Teología y de las largas conversaciones sobre la fe, que consideraba una parte esencial de su formación humana y espiritual. Durante su estancia universitaria, Joseph intensificó aún más su vida religiosa, participando en la misa diaria y realizando visitas nocturnas a la capilla del dormitorio. Este invierno se propuso un desafío personal al sumarse al ejercicio espiritual 'Éxodo 90', un programa de disciplina, oración y ascetismo con el que buscaba profundizar en su relación con Dios. Esa entrega se reflejaba también en su compromiso con la comunidad. Desde niño había colaborado activamente en la parroquia de San Sebastián, donde enseñó a decenas de niños a servir la misa como monaguillos. Además, participó en el coro local de educación en el hogar, aprendió a tocar la guitarra y actuó en varias producciones musicales. En el velatorio celebrado en su memoria, familiares y amigos compartieron recuerdos que retratan su personalidad cercana y empática. Muchos destacaron su capacidad para escuchar con atención, comprender a los demás y ofrecer palabras de aliento en los momentos difíciles. Su pasión por el deporte y su espíritu alegre fueron constantes en los testimonios. “Quizá por sus lecturas de san Agustín y su reflexión sobre la muerte y la salvación, se preparó con especial empeño para el encuentro con su Señor”, escribieron sus padres, convencidos de que Joseph vivió cada día como una oportunidad para crecer en la fe.