Un estudio liderado por el Silent Spring Institute sugiere que gran parte de las extensiones de pelo que se comercializan podrían incluir compuestos potencialmente peligrosos y que, en muchas ocasiones, los fabricantes no declaran en la composición de los productos. El trabajo se ha centrado en el análisis de 43 marcas de extensiones tanto naturales como sintéticas que se comercializan en Estados Unidos pero que también pueden encontrarse en otras partes del mundo. Según afirman los científicos, el estudio de estos productos ha desvelado la presencia de hasta 169 sustancias químicas potencialmente peligrosas para la salud como retardantes de llamas, disruptores hormonales y compuestos asociados a alteraciones del sistema inmune. Ante estas evidencias, los expertos reclaman aumentar los controles y la regulación sobre la fabricación de estos artículos.