Escribo esta crónica desde el salón de mi casa, con una gata intentando morderme las manos -supongo que le molesta el sonido de las teclas a estas horas -, tras haberme resultado imposible coger un tren en la estación de Valladolid , que a las siete de la mañana parecía el camarote de los hermanos Marx, con un caos absoluto en los andenes, trenes cancelados y cientos de personas con ojeras incapaces de ir a trabajar por culpa de una huelga que, según el gobierno, jamás ha tenido lugar. Así que, cuarenta minutos después, me tuve que dar la vuelta para, al menos, poder seguir la comparecencia del presidente desde la pantalla de mi iPad y no en una caja... Ver Más