El mercado del alquiler en Madrid ha entrado en una espiral que lo ha vuelto inaccesible para miles de ciudadanos. Desde 2019, los precios han subido un 35%, mientras que la oferta de viviendas disponibles se ha desplomado casi un 19%. Esta combinación ha convertido la búsqueda de un piso en una auténtica carrera de obstáculos, donde la rapidez y un perfil económico muy concreto son las únicas claves para tener una oportunidad. La tensión es tan alta que ha generado un mercado paralelo y opaco. Muchos pisos ya ni siquiera se publican en los portales inmobiliarios. En su lugar, se mueven a través de bases de datos de agencias o, simplemente, de boca a oreja. Cuando un inquilino deja una vivienda, es habitual que el propietario ya tenga una lista de espera o que el propio inquilino saliente busque un sustituto entre sus conocidos. Este nuevo escenario ha redefinido por completo el perfil del inquilino ideal para los propietarios. Si antes se priorizaba a las familias por su estabilidad, ahora la balanza se inclina hacia estudiantes con avales sólidos, nómadas digitales con altos ingresos, parejas jóvenes con nóminas elevadas o profesionales extranjeros que vienen a trabajar por un tiempo limitado. La razón principal es la búsqueda de una mayor rentabilidad y, sobre todo, de seguridad. Un ejemplo claro de esta tendencia es el alquiler por habitaciones orientado a estudiantes. Un piso de tres dormitorios en una zona como Tetuán, que para una familia podría costar unos 1.600 euros, se alquila por 2.400 euros a tres estudiantes. La rentabilidad es mayor y la rotación constante asegura que el ciclo vuelva a empezar cada año sin los riesgos percibidos de un alquiler a largo plazo. "Los propietarios quieren seguridad", afirma Sara Lorenzo, responsable de alquiler en la inmobiliaria "Vivienda 2". La consecuencia directa de este cambio es la exclusión de las familias con hijos, especialmente las que cuentan con ingresos medios. Un hogar con dos sueldos de 1.200 o 1.500 euros y uno o dos niños se encuentra prácticamente fuera del mercado de alquiler en la capital. La situación es tan desesperada que algunas familias llegan a ocultar que tienen hijos para no ser descartadas de antemano por los propietarios, que los asocian con un mayor riesgo de vulnerabilidad. Para estas familias, la respuesta más común en las agencias es desoladora: "De momento, con el presupuesto que tienes no me ha entrado nada". El problema se agudiza aún más en el caso de personas separadas con hijos a su cargo. A pesar de que los casos de impago son una minoría, la percepción del riesgo lleva a muchos dueños a descartar estos perfiles de forma sistemática. Aunque las inmobiliarias están obligadas a verificar la situación familiar a través de la declaración de la renta, la decisión final siempre recae en el propietario. El resultado es un mercado cada vez más excluyente, donde la velocidad y la solvencia económica se imponen a la necesidad de vivienda, dejando a una parte creciente de la población madrileña sin una opción real para alquilar.