El fuego

“Solo cerrar los ojos y allí estaban/ la Kon-Tiki, los sioux, Mowgli, Hilary y Tensing/, sequoias y pirañas… y era como estar lleno/ de un verano de potros y acampadas y playas,/ como llevar por dentro siempre las vacaciones/ y siempre con buen tiempo y campeonatos./ No sé qué sucedió: todo se fue nublando/ y yo también estaba más turbio y más silencio/ más preso entre mi nombre y mis semanas/ y todo tan invierno y tan Pamplona/ y los libros, y el aire, todo gris, todo como/ con un olor a gato o seminario./ En mí se está apagando el fuego. Cualquier día/ moriré de asfalto y de bibliografía”.