Objetivamente hablando, a Javier Esparza no le está yendo bien en la comisión que investiga las obras públicas en Navarra. Su insistencia en perseverar con preguntas capciosas y cero empatía hacia los comparecientes le ha proporcionado algún titular de prensa, pero ningún triunfo y alguna sonora derrota. Como la de este miércoles, que no alcanzó la categoría de humillación porque Santos Cerdán destensó la cuerda cuando ya lo tenía ahogado.