Los hermanos José Antonio y Sergio Martín visitaron este martes el programa nocturno "Poniendo las calles" de COPE, presentado por Carlos Moreno 'El Pulpo', para hablar de su taller Caireles, un proyecto que lleva 13 años rescatando el bordado tradicional charro en pleno centro de Salamanca. Lo que comenzó como una afición familiar cuando su madre les confeccionó sus primeros trajes de charro se ha convertido en una misión: mantener vivo un oficio que estaba a punto de desaparecer. La historia de Caireles comienza en el mundo del folklore. "Mi madre empezó haciendo los trajes a nosotros, los trajes de charro, y a raíz de eso empezó mi hermano como afición a hacer también algo de bordado", explica Sergio Martín en la entrevista. Lo que comenzó como cursillos esporádicos y visitas a talleres se transformó en un oficio de tiempo completo. El nombre del taller, Caireles, hace referencia a los adornos que cuelgan en la indumentaria tradicional: flecos, machos, colgantes y botones que son característicos del traje charro. Hoy, los hermanos no solo bordan, sino que imparten clases tanto en su local como en distintos pueblos de la provincia de Salamanca, llegando a tener actualmente unos 120 alumnos. La sorpresa inicial de ver a dos hombres al frente de un taller de bordado sigue siendo habitual, especialmente en zonas rurales. Sin embargo, gracias a la difusión en medios de comunicación y al boca a boca, cada vez son más conocidos. Entre sus alumnas destacan una estudiante francesa y otra japonesa que lleva ya cuatro años aprendiendo las técnicas del bordado salmantino. José Antonio Martín, además, ejerce como profesor de bordado de la Diputación de Salamanca, lo que les permite llevar el oficio a diferentes municipios de la provincia mediante talleres gratuitos y actividades en la calle. Uno de los aspectos que más valoran los hermanos Martín es el efecto terapéutico del bordado. "Una de las digamos beneficios del bordado es ese: te ayuda a desconectar de todo y te relajas. Muchas de nuestras alumnas están deseando llegar a clase para eso", afirma José Antonio. En un mundo dominado por las pantallas y la inmediatez, el bordado requiere paciencia, concentración y tiempo. Para Sergio, esa es precisamente su mayor virtud: "Te metes en un mundo distinto en el que poco a poco vas descubriendo tus capacidades, vas creando. Es muy difícil de explicar la alegría que se llevan". Caireles también organiza talleres infantiles, utilizando el juego y las texturas como método de aprendizaje. "Simplemente que jueguen ellos con los hilos, con las agujas. Evidentemente se las damos de plástico", aclara José Antonio con humor. En verano, en colaboración con la Diputación de Salamanca, los hermanos organizan jornadas de bordado en la calle, recuperando la tradición de reunirse a la puerta de casa para hacer labores. "Era una actividad de convivencia, más que de trabajo. El bordado es la excusa para salir, hablar y socializar", explica José Antonio. Para los hermanos Martín, el bordado no es solo un oficio: es identidad. "Con la globalización estamos perdiendo nuestra propia identidad, ya ni sabemos quiénes somos. Para saber quiénes somos tenemos que saber de dónde venimos", reflexiona José Antonio. Sergio, miembro de la directiva de la Federación Artesanal de Castilla y León (FOACAL), subraya que esta preocupación es común a muchos oficios artesanos. "Tenemos que poner nuestro granito de arena y conservarlo. Una forma de conservarlo es mantenerlo vivo, para que no se pierda, para que no muera". A pesar de las dificultades —"las administraciones, los agobios, las frustraciones"— los hermanos Martín se declaran afortunados. "Seguimos porque nos gusta, porque lo disfrutamos. La parte buena es mucho mayor que la mala", asegura Sergio. Con más de una década de experiencia, Caireles se ha consolidado como un referente del bordado tradicional charro, no solo en Salamanca, sino a nivel nacional. Su objetivo es claro: que las próximas generaciones puedan aprender, disfrutar y transmitir un patrimonio que, aguja a aguja, hilo a hilo, define quiénes son.