La Real Sociedad de Matarazzo funciona como un reloj. Serios en defensa y con Oyarzabal y Guedes a gran nivel en el ataque, los blanquiazules han logrado tomar ventaja en la ida de las semifinales de la Copa del Rey, ganando por la mínima con un gol de Turrientes en el derbi vasco celebrado este miércoles en San Mamés. Pudieron ser más, llegando a enviar un balón al palo, errando unos contra uno y dominando la mayor parte del partido al Athletic de Bilbao, que apenas incomodó a Remiro. Los donostiarras jugarán con ventaja en la vuelta del próximo 4 de marzo en Anoeta, donde el Athletic estará obligado a remontar si quiere clasificar para la final de Sevilla. En una tarde regada por la lluvia en Bilbao, el Athletic llegaba a la cita después de la victoria contra el Levante del domingo que sirvió a San Mamés para reconciliarse con sus estrellas. Nico Williams, por momentos cuestionado durante la temporada, salió ovacionado después de ser clave también la semana pasada en los cuartos de Copa contra el Valencia. El club llamaba a la afición a recibir al equipo a su llegada, una tradición que había abandonado por motivos de seguridad, y cientos de personas esperaban al autobús dos horas antes del partido bajo el aguacero y entre el ruido de los petardos y el fuego y el humo de decenas de bengalas. «Bienvenidos al infierno», advertían a la Real. Los de San Sebastián aterrizaban en Bilbao en modo crucero, arrastrando buenas sensaciones en el juego desde la llegada de Rino Matarazzo. El equipo, invicto desde que el estadounidense de casi dos metros de altura empezó a dirigir a los 'txuri urdin' (seis victorias y dos empates, habiéndose enfrentado a Barça y Atlético de Madrid), ya dominó hace algo más de una semana en la última cita contra el Athletic, donde solo una genialidad de Ruiz de Galarreta en los últimos minutos le privó de llevarse los tres puntos en San Mamés. El guion, aunque con unos leones más aguerridos que entonces, alentados por 51.281 personas en la Catedral, fue similar. El ambiente vibrante de la previa se trasladó al césped. Un partido de Copa. De Copa, Copa. Sin respiro en los duelos, con disputas continua y los dos equipos tratando de salir jugando desde atrás y con el rival apretando esa salida. Dentro de esa igualdad, propia de un partido intenso, la Real parecía un punto superior. En parte, porque sobre el verde este miércoles jugaba alguien superior a los demás. Mikel Oyarzabal, que ha alcanzado el nivel de madurez de quien conoce sus ventajas y limitaciones, explotando las primeras mientras camufla las segundas. Con una bota izquierda de seda, aparecía indetectable en tres cuartos, asociándose, dando pausa y sentido al ataque de los guipuzcoanos. En ese saber hacer (bien) lo necesario, Oyarzabal ha encontrado en Gonçalo Guedes un socio que, pegado a banda, esperaba como un miura sus pases medidos. El portugués fue quien asistió en la más clara de la primera parte: un uno para uno de Pablo Marín que salvó Padilla. El portero suplente del Athletic, que falló en los cuartos de final en Mestalla, demostró personalidad en una cita histórica en su propia casa, levantando un muro bajo palos. Poco después de iniciar la segunda parte (la primera terminó con la afición visitante enrabietada por una mano dentro del área de Laporte en la que Sánchez Martínez y el VAR no apreciaron penalti) Padilla atajaba otro disparo de Oyarzabal. Marín, de nuevo, solo a un metro de la línea de gol enviaba el rechace al palo. El campo estaba claramente inclinado hacía la portería del Athletic y Ernesto Valverde trataba de corregir desde el banquillo metiendo en el campo pesos pesados como Nico o Ruiz de Galarreta. Su entrada espoleó a San Mamés, pero, pocos minutos después de ese ligero arreón, un pase genial entre líneas de Carlos Soler dejaba solo a Guedes ante Padilla. Jugándose el tobillo ante la salida del meta, el extremo cedía el balón a Turrientes, que solo tuvo que acompañar para hacer el 0-1 a puerta vacía. La Real tomaba una ventaja de cara a la vuelta en Anoeta que el Athletic, pese a algún acercamiento protagonizado por Selton, ya no fue capaz de reducir.