Un escalofrío recorrió el cuerpo de todos y cada uno de los presentes en el acto del 30 aniversario del 112 Balears celebrado ayer en es Baluard. Uno imprevisible y para el que no se puede estar jamás preparado. Una revelación. Una verdad dolorosa como una cuchilla. Un testimonio inaudito y desgarrador que no pudo dejar más clara la importancia de lo que realmente se celebraba entre las bellas paredes de roca de l’Aljub. Nadie esperaba unas palabras de tal magnitud ni un desgarro en el corazón tan imponente como el que se sintió cuando Pablo Gárriz, Director General d’Emergències, compartió la tragedia que sobrevino a su familia hace ahora diez años.