Carnaval religioso

Lejos de vivir alienado en la parodia de la rutina diaria me asomo al balcón de la poesía de calle, del pellizco emocionante de una letra bien cantada, del talento de hombres y mujeres sencillos que denuncian llenos de rabia con el lenguaje propio del realismo mágico de un pueblo. Es el carnaval, una fiesta con pocos adeptos en nuestra ciudad si lo comparamos con los ejércitos de homo cofradiensis seguidores de salidas extraordinarias, magnas y tantos otros eventos semanasanteros que pueblan el calendario.