Tras una gira que ha recorrido con enorme éxito buena parte de la geografía española, 'El fantasma de la ópera' hace parada en Sevilla. Del viernes 13 al domingo 22 de febrero de 2026, el musical podrá verse en el Cartuja Center CITE, llevando al público hispalense una de las historias más emblemáticas del teatro musical. La obra, compuesta por el británico Andrew Lloyd Webber en 1986 a partir de la novela de Gaston Leroux, ha conquistado los escenarios de todo el mundo y ahora ha sido adaptada al castellano bajo la dirección musical de Miquel Tejada. La historia gira en torno a una misteriosa figura enmascarada que habita en los subterráneos de la Ópera de París, desde donde ejerce un reinado de terror sobre todos los que trabajan en el teatro. Obsesionado con una joven soprano, Christine Daaé, el fantasma se dedica a cultivar su extraordinario talento, utilizando métodos tan brillantes como tortuosos. Amor, obsesión, miedo y deseo se entrelazan en una trama hipnótica que se apoya en una espectacular partitura que incluye temas ya míticos como La música de la noche, Todo lo que te pido, Deseando que estuvieras aquí otra vez, Carnaval y la icónica obertura del título. El elenco está encabezado por Daniel Diges, recordado por sus trabajos en grandes producciones como 'Los Miserables' o 'Kinky Boots', que interpreta a Erik, el atormentado fantasma. Ana San Martín, a quien el público ha podido ver recientemente en títulos como 'Mar i Cel' o 'El Médico', encarna a Christine Daaé, la joven soprano de la que se enamora el apuesto vizconde Raoul de Chagny, papel al que da vida Rubén López, tras su paso por 'Los puentes de Madison'. Para este jóven actor, esta experiencia supone un punto de inflexión en su carrera: «Es mi primer protagonista y eso te coloca en una posición diferente, con mucha más exposición. Antes había trabajado en otras obras, pero no tan grandes. Esto es completamente nuevo para mí ». Asumir un papel de tal envergadura no ha estado exento de vértigo. «No voy a engañar, se te viene un poco el mundo encima. Es una responsabilidad muy grande. Me puse a repasar la partitura, a volver a ver a la obra… aunque sabía que estaba preparado, impresiona», reconoce. Uno de los mayores retos ha sido construir un personaje muy alejado de su propia personalidad. «Raoul es un joven vizconde, educado de otra forma, acostumbrado a conseguir lo que quiere y a que nada se le ponga por delante. En ese sentido es muy diferente a mí, porque yo soy más de intentar ver qué necesita el otro», explica. Esa distancia inicial le obligó a un profundo trabajo interpretativo : «No es que Raoul sea malo, ni mucho menos, pero tiene una manera distinta de actuar y de relacionarse, y encontrar ese punto ha sido lo más complicado». Con el paso de las funciones, el personaje ha ido creciendo y transformándose. « Tenemos la suerte de hacer la obra casi todos los días , incluso dos veces los viernes y los sábados. Eso te permite ir probando, cambiando pequeños detalles, y descubrir al personaje poco a poco. Lo vas entendiendo caminando a su lado», señala. Para Rubén, Raoul es ante todo un personaje profundamente humano: «Yo lo definiría como alguien muy protector. Ama fuerte y protege lo que considera suyo. Tiene esa máscara de seguridad, propia de su posición social, pero en el fondo es vulnerable, y ese arco es muy bonito de ver a lo largo de la obra». La exigencia física y emocional del musical es otro de los grandes desafíos. Con hasta nueve funciones semanales, la preparación es clave. «Es un musical largo y muy intenso emocionalmente. Hay que cuidarse mucho. Yo me siento un poco como un atleta, casi como un monje : dormir bien, cuidar la alimentación, el cuerpo, la voz… Todo eso te ayuda a mantener la cabeza alineada para poder dar el máximo en cada función». Antes de salir a escena, su ritual es sencillo pero imprescindible: «Calentar mucho la voz, relajar el cuerpo y asegurarme de estar al máximo. Son pequeñas manías que te ayudan a concentrarte y a entrar en el personaje». Y aunque cada representación es distinta, hay escenas que imponen especialmente: «En el segundo acto, Raoul apenas sale del escenario. Tiene un peso actoral muy fuerte y se van encadenando escenas muy intensas. Es la parte que más disfruto, pero también la que más me exig e». Más allá del reto interpretativo, Rubén destaca la magia que sigue teniendo esta obra casi cuatro décadas después de su estreno. «La música de Andrew Lloyd Webber es una obra maestra. En cuanto suena la obertura, se me pone la piel de gallina. Es magia pura. Y además, sigue funcionando porque la historia trata temas muy humanos, con los que todos nos podemos identificar». El contacto con el público es, para él, uno de los mayores regalos. «Cuando baja el telón, pienso en que hayamos conseguido que la gente disfrute. Ese abrazo del público, los aplausos, las personas que esperan a la salida para darnos la enhorabuena… Eso me da energía para el día siguiente». Y para quienes aún dudan si acudir a ver 'El fantasma de la ópera', Rubén lo tiene claro: «Es una oportunidad única. La adaptación está increíblemente bien conseguida, algo muy difícil cuando se trata de traducir canciones y mantener la emoción. Es una obra que hay que ver al menos una vez en la vida . A mí, que la hago todos los días, todavía me pone los pelos de punta». Este montaje, que tras su paso por Madrid también se ha presentado en México, está dirigido por Federico Bellone y musicalmente por Julio Awad, ganador del Premio Talía 2024 por esta versión del musical y ha sido elogiado por la crítica y el público. Silvia Montesinos es la responsable de la adaptación de la letra, mientras que el vestuario, diseñado por Chiara Donato, ha recibido el Premio del Público Broadway World Spain. En total, este espectáculo que ya han visto 160 millones de personas en el mundo, cuenta con más de 70 premios.