La falta de sueño en los adolescentes se ha convertido en un problema de salud pública a nivel global. Según la neuropsicóloga pediátrica Carina Castro, cerca de un 25% de los jóvenes no duerme las horas recomendadas, con un promedio de solo seis horas, lo que acarrea graves consecuencias. "La sociedad no conoce cómo se desarrolla el cerebro del adolescente, y los hábitos y las políticas están completamente desalineadas", afirma. Uno de los principales problemas, según la experta, es que los horarios escolares no están pensados para el cerebro adolescente. Castro explica que los jóvenes tienen un cronotipo búho, lo que significa que su producción de melatonina se retrasa y comienza entre las 10 y las 12 de la noche. Por la mañana, "el cerebro adolescente todavía tiene mucha melatonina, entonces, cuando las escuelas inician a las 7 u 8 de la mañana, tenemos un cerebro que no está listo para aprender". La neuropsicóloga apunta a estudios que demuestran que retrasar el inicio de las clases entre 60 y 90 minutos mejora la atención y las calificaciones. Además, critica la falta de "leyes o políticas que ayuden y regulen el uso de los adolescentes a dispositivos", que es la causa principal por la que se acuestan más tarde. Castro ofrece tres recomendaciones clave para los padres. La primera es eliminar las pantallas 60 minutos antes de dormir. La segunda es asegurar un cuarto completamente oscuro, sin el teléfono ni otras luces. Finalmente, es crucial cuidar la temperatura de la habitación, ya que el cerebro necesita bajar un grado para limpiarse correctamente durante la noche. La experta también desmonta el mito de compensar la falta de sueño durante el fin de semana. "Muchos padres creen que dormir más el fin de semana compensa y no compensa", afirma. Explica que el cerebro adolescente necesita entre 8 y 10 horas de sueño diarias para realizar procesos esenciales, por lo que no es posible recuperar el descanso perdido. La privación del sueño está directamente vinculada con la salud mental. Castro aporta cifras alarmantes: no dormir lo suficiente aumenta un 38 % el riesgo de depresión, un 58 % el de intento de suicidio y hasta un 60 % los trastornos de ansiedad. "Descansar no es solo un descanso de órganos, es un momento muy activo para el cerebro", subraya la especialista. La alimentación también juega un papel fundamental. Un alto consumo de alimentos ultraprocesados y azúcares genera una "inflamación crónica de bajo grado" que afecta a la calidad del sueño. Para contrarrestarlo, Castro recomienda priorizar alimentos como el omega 3 (salmón, nueces), proteínas y vegetales de hoja verde. Para detectar si un adolescente tiene problemas, la neuropsicóloga aconseja observar cambios drásticos en sus rutinas de sueño o alimentación, la pérdida de interés en actividades que antes disfrutaba o la aparición de comentarios verbales negativos como "estaría mejor muerto" o "yo solo estorbo en esta familia". Finalmente, aborda el uso de dispositivos, recomendando a los padres utilizar el control parental y entender que el móvil es "un préstamo". "La realidad es que estamos desprotegiendo a los niños en la virtualidad y sobreprotegiéndolos en la vida real", concluye Castro, insistiendo en que el acompañamiento digital no es una invasión de la privacidad, sino una guía necesaria.