El misterio de Alange: por qué el gigante extremeño está medio lleno mientras Alqueva rebosa

El comportamiento del embalse de Alange es singular. A pesar de su gran capacidad, de 852 hectómetros cúbicos, presenta un porcentaje de llenado inferior al de otras grandes presas extremeñas, situándose actualmente casi al 50% de su capacidad. Esta situación, según explica el catedrático de Ordenación del Territorio Julián Mora Aliseda, se debe a las características geográficas de su cuenca. La razón principal reside en la cuenca del río Matachel, afluente del Guadiana. Esta presenta una morfología poco pronunciada, con pendientes suaves y un relieve prácticamente plano. Esta geografía genera una red de drenaje sinuosa y de carácter estacional que, junto a un régimen de lluvias irregular, ralentiza la llegada de agua al embalse. A diferencia de presas que recogen agua de grandes sistemas montañosos, la cuenca de Alange se desarrolla sobre penillanuras y campiñas, lo que favorece la infiltración natural en el terreno. A esto se suman unas precipitaciones más modestas y una elevada evaporación debido a la amplia lámina de agua, factores que penalizan su almacenamiento. Sin embargo, este comportamiento no es anómalo. En ciclos húmedos recientes, como los de 2010 y 2013, el embalse alcanzó casi el 100% de su capacidad, superando los 840 hectómetros cúbicos y llegando incluso a realizar alivios controlados de agua, como sucede ahora en otras presas de la región. Actualmente, los 400 hectómetros cúbicos que acumula Alange son una cifra considerable. Suponen 20 veces la capacidad del Guadiloba, que abastece a Cáceres, y garantizan el suministro para el regadío de Tierra de Barros, en el caso de que finalmente se acabe construyendo. Como concluye Mora Aliseda, "un poco de Alange es mucho". La situación contrasta con la de la presa de Alqueva, en Portugal, alimentada por el mismo río Guadiana. Considerado el embalse más grande de Europa Occidental, con una capacidad de 4.150 hectómetros cúbicos, ha tenido que abrir sus compuertas varias veces desde finales de enero tras las últimas borrascas. Este gigante, que tardó ocho años en llenarse por completo desde 2002, es hoy un motor económico y un destino turístico. Su superficie de 250 km² permite irrigar 130.000 hectáreas agrícolas entre España y Portugal, dar agua potable a 200.000 habitantes del Alentejo y funcionar como una importante central de producción hidroeléctrica.