La Mezquita-Catedral de Córdoba: epicentro del diálogo ecuménico entre musulmanes y cristianos desde la belleza y la cultura

La ciudad de Córdoba se ha convertido estos días en el centro del debate interreligioso con la celebración del V Congreso Internacional Pluriel, un encuentro que analiza la ética y la estética del patrimonio islámico. Para profundizar en las claves de este evento, Antonio Navarro, delegado de ecumenismo y diálogo interreligioso de la Conferencia Episcopal Española, ha intervenido en el programa Ecclesia Al Día de TRECE, presentado por Raquel Caldas. El congreso tiene como marco incomparable la Mezquita Catedral de Córdoba, un monumento que Navarro describe como un privilegio y, al mismo tiempo, una responsabilidad. “Siendo una catedral católica, a la vez es un lugar de encuentro donde se entrecruzan distintos estilos de arte, distintas culturas e historias”, ha explicado, subrayando que para cualquier creyente, “la fuente de toda belleza está en dios”. Uno de los objetivos principales del congreso, según ha detallado Navarro, es mostrar desde la teología y la filosofía islámica, en conversación con el pensamiento cristiano, cómo la estética y la belleza no deben reducirse al disfrute de lo material. Desde la perspectiva del creyente, ha afirmado, la belleza está intrínsecamente conectada con el bien y la verdad. “Si dios es la fuente del bien y de la belleza, pues también no hay nada más bello que un alma buena”, ha sentenciado el delegado. El congreso explora cómo diversos pensadores musulmanes han compartido estas intuiciones con la teología cristiana, defendiendo que la verdadera belleza se halla en el alma que busca a Dios y es un reflejo de la bondad. Este importante evento está organizado por la plataforma Pluriel, una red académica que pone en contacto a profesores e investigadores dedicados a los estudios sobre el islam en sus múltiples facetas. Antonio Navarro ha destacado la magnitud de esta red, que une a 180 profesores de 27 países diferentes. Expertos de distintas universidades, países y religiones, incluyendo musulmanes y católicos, se dan cita en Córdoba. Todos ellos comparten el interés por el estudio de la filosofía y la teología islámica en diálogo con el cristianismo y el pensamiento europeo, con el fin de “encontrar soluciones e intuiciones que puedan servir para generar un mundo mejor”. Frente a una cultura que a menudo reduce la belleza a “lo material” y “lo superficial”, este congreso propone que la verdadera fuente de la belleza se encuentra en el interior. Monumentos como la Mezquita-Catedral y otras grandes catedrales y templos son, según Navarro, un intento de reflejar la belleza divina. Durante su entrevista en Ecclesia Al Día, Antonio Navarro ha reivindicado la importancia capital del diálogo para la convivencia. “Hoy no puede haber una humanidad que viva en paz, si no es en diálogo unos con otros”, ha manifestado. Al mismo tiempo, ha querido aclarar que dialogar no implica renunciar a la propia identidad o fe. Según el experto, en el diálogo interreligioso el cristiano “acude con su identidad, con su fe, con su mensaje, y la comparte con el otro”. El objetivo no es la imposición, sino “juntos buscar la verdad y el bien”. A través de este compartir, ha añadido, se crean lazos de amistad, se eliminan prejuicios y las personas se “ponen rostro”, superando las caricaturas. El fin último de esta comunicación es construir un futuro mejor para todos. En palabras de Navarro, “el diálogo interreligioso trata de que aun dentro de diferentes razas, pueblos, lenguas y religiones, todos debemos navegar juntos hacia un mundo con más paz, más justicia y un mundo más fraterno”. Preguntado por los retos actuales del diálogo interreligioso, específicamente entre cristianos y musulmanes, Navarro ha señalado dos desafíos principales. El primero es “el problema del fundamentalismo”, que describe como una actitud de encerrarse en la propia identidad para usar la verdad como un arma y “arrojarla al rostro del otro”. Ha sido tajante al afirmar que la fe no puede imponerse por la fuerza: “El primer reto es eso, abandonar todo fundamentalismo”. El segundo gran desafío es fomentar el conocimiento recíproco para superar los prejuicios y la desconfianza, que a menudo se basan en “lo que me han dicho, de lo que han contado”. Encuentros como el de Córdoba, ha concluido, son fundamentales para tejer estas redes de conocimiento mutuo.