Era la típica lata de galletas. Azul, de metal, la que todo el mundo tenía en algún lugar de casa llena de agujas, bobinas de hilo y algún que otro dedal. En su casa, en cambio, aquella caja contenía las fotografías que su abuelo materno hizo a lo largo de su vida, hasta poco antes de morir. Ella nunca le conoció, así que los pocos recuerdos que guarda de sus abuelos están en esa lata. Con ellos creció y entendió que aquellas imágenes eran la vida de su abuela a través de los ojos de su marido. “Todavía guardo la cámara con la que las hizo. Es precioso ver cómo documentaba cada verano, cada viaje. A los ocho años mis padres me regalaron una Polaroid, con la que empecé a jugar hasta que, años después, me comprara mi primera reflex analógica”, relata Lorena Ferreira (49) mientras pasea por el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, en Madrid. Desde hace años fotografía los cementerios de la Comunidad de Madrid y el resto de España en un intento de cambiar la perspectiva que la población tiene de estos espacios: “He descubierto que pueden ser lugares agradables. Obviamente estar delante de un difunto al que queremos es algo triste, pero a base de publicar lo que yo veo he conseguido cambiar la mentalidad de más de una persona. Ahora mis amigos también curiosean cuando entran”.