Magdalena de Suecia, la princesa que obsesionaba a Jeffrey Epstein

La sombra del caso Epstein sigue proyectándose sobre distintas casas reales europeas años después de la muerte del magnate estadounidense. Entre los nombres que han reaparecido en los últimos documentos y publicaciones vinculadas a su entorno, uno ha llamado especialmente la atención: el de la princesa Magdalena de Suecia. No por una relación directa o acreditada, sino por lo que distintos autores han descrito como una fijación unilateral por parte del financiero. Fue el periodista y escritor estadounidense Ian Halperin quien puso negro sobre blanco esta supuesta obsesión en su libro 'Controversy: Sex, Lies and Dirty Money By The World's Powerful Elite'. Según recoge también el medio sueco 'Svensk Dam', Epstein hablaba de Magdalena en términos que revelaban una admiración desmedida. «Decía que era la royal más sexy del mundo. Estaba obsesionado con ella», aseguraba el autor en una entrevista concedida al citado portal. La etapa neoyorquina de la hija menor de los reyes Carlos Gustavo y Silvia coincide con el periodo en el que, siempre según Halperin, Epstein habría mostrado mayor interés por ella. Magdalena se trasladó a Nueva York tras romper su compromiso con Jonas Bergström y comenzó a colaborar activamente con la 'World Childhood Foundation', la organización impulsada por su madre para la protección de la infancia. En esa misma ciudad conoció a quien hoy es su marido, Chris O'Neill, con quien formó una familia. No existen pruebas documentales de encuentros privados, correos electrónicos o vínculos personales entre ambos. Sin embargo, el autor sostiene que el interés del magnate fue más allá de una simple admiración pública. «Conozco varios detalles sobre cómo él quería tenerla mientras vivía en Nueva York, e incluso hizo que sus empleados la espiaran en secreto», afirmó Halperin al citado medio. Incluso llegó a asegurar que Epstein comentaba a su entorno que «la iba a conseguir», una afirmación que nunca tuvo reflejo real ni respuesta por parte de la princesa. La aparición del nombre de Magdalena ha coincidido con la mención de otras figuras de la realeza europea dentro del entorno Epstein, aunque con matices muy distintos. En Noruega, la princesa heredera Mette-Marit sí mantuvo una relación documentada con el financiero entre 2011 y 2014, con intercambios de correos y encuentros personales. También en Suecia surgió el nombre de Sofía de Suecia, aunque en su caso se trató únicamente de un encuentro puntual en un restaurante. La diferencia fundamental radica en que, mientras en algunos casos existieron contactos constatables, en el de Magdalena se habla de una supuesta obsesión sin reciprocidad ni continuidad. De hecho, su trayectoria pública posterior ha estado marcada precisamente por su implicación en causas vinculadas a la protección de la infancia. Publicó el libro infantil Stella y el secreto, centrado en la prevención del abuso sexual, y mantiene su colaboración con iniciativas sociales relacionadas con menores vulnerables. Actualmente instalada de nuevo en Suecia junto a su familia, la princesa compagina compromisos institucionales con proyectos empresariales, como el lanzamiento de su firma cosmética MinLen en colaboración con la empresa suiza Weleda. Un perfil público que contrasta con la incómoda mención de su nombre en el universo Epstein y que, según todas las informaciones disponibles, nunca pasó de una fijación unilateral relatada por terceros.