El alpinista canario que reta al Everest sin oxígeno: "He visto manos y cuerpos bajo el hielo"

El alpinista grancanario Armando Marcos Placeres, más conocido como 'Mandy', se enfrenta a uno de los mayores desafíos del montañismo: escalar el Everest sin oxígeno suplementario. En una entrevista en el programa 'Herrera en COPE Gran Canaria', ha desvelado que no se trata de una obsesión, sino de un "desafío consigo mismo". Con más de 20 cimas a sus espaldas y tras convertirse el año pasado en el primer español en alcanzar la cima del Golden Peak (7.027 metros), ahora pone su mirada en la cima del mundo para descubrir sus propios límites. Para Mandy, la montaña es una "conversación lenta" en la que uno debe escuchar a su cuerpo. Sin embargo, el principal obstáculo no es físico, sino mental. "La adversidad se disfraza de demonio", ha explicado, un susurro que te azota y te bloquea la mente para que abandones. Es en ese momento, asegura, donde reside la clave de su filosofía. Cuando crees que no puedes más, "estás realmente a un 30 por ciento todavía, te queda un 70 por ciento de tu capacidad", ha afirmado. Para el alpinista, el cuerpo humano tiene unos "límites inconmensurables" y su objetivo es precisamente explorar ese territorio. No se trata de una lucha contra la montaña, sino de una lucha consigo mismo para superar las barreras que impone la mente. Frente a esa voz que incita a la rendición, Mandy ha señalado que el único ángel es él mismo: "yo creo en mí". Ha explicado la importancia de visualizar escenarios incómodos y de escuchar al cuerpo para tomar decisiones. Si hay que dar marcha atrás, "se da marcha atrás desde la humildad", porque por encima de todo prima la "seguridad e integridad". Y es que para él, el éxito no es solo alcanzar el pico más alto del planeta. A partir de los 8.000 metros, el Everest se convierte en otro planeta, la conocida como 'zona de la muerte', un lugar inhabitable donde no hay oxígeno. Mandy es plenamente consciente de la crudeza de este entorno, donde la vida pende de un hilo. Ha relatado cómo la montaña está llena de recordatorios de su peligrosidad, incluyendo los restos de quienes no lograron volver. Es muy cierto", ha confirmado al ser preguntado por las referencias de cadáveres en la ruta, como las famosas "botas verdes". Su testimonio es sobrecogedor: "Me he tropezado con botas, de hecho, he caminado por glaciares y he visto manos y cuerpos metidos debajo del hielo, congelados". Para el canario, esta realidad es "dura, pero es parte de esta liturgia del alpinismo". Lejos de desanimarle, esta visión le "retroalimenta" y le prepara mentalmente para un deporte extremo donde la muerte es una posibilidad real. Se ha encontrado con situaciones donde otros alpinistas "colapsan a 40 pasos de la cima" por una hipoxia o un infarto, quedando "petrificados". En esas altitudes, ha recalcado, "no hay rescate" y el compañero, aunque sea un sherpa, "no le queda otra que abandonarlo". A pesar de la ambición del reto, Mandy tiene claro cuál es el objetivo final. "Mi cima es volver a casa, abrazar a mi hija", ha sentenciado. Esta es su máxima prioridad, especialmente sabiendo la preocupación de su familia. "Papi, no te mueras, papi vuelve", le dice su hija. El alpinista ha insistido en que el descenso es un "auténtico infierno", a menudo más peligroso que la subida por el estado de la nieve y el agotamiento físico y mental. Mandy ya sabe lo que es enfrentarse a la muerte, como cuando en Pakistán le dieron "por muerto y por desaparecido". Sobrevivió gracias a su experiencia y "mucha frialdad" para clavar el piolet cuando se deslizaba hacia un abismo. Cerca de la cumbre del Everest, en el famoso escalón Hillary, sabe que se volverá a jugar la vida a pocos metros del final. Pero es tajante: "Si me quedan 10 pasos, se los hago". Para esta expedición, que durará entre un mes y medio y dos meses, irá acompañado de un sherpa que portará oxígeno para una emergencia. Si pierde la visión o la orientación, "me enchufa el oxígeno y tranquilamente lo subo con oxígeno", ha explicado, demostrando que su objetivo no es una marca, sino una experiencia vital. Su preparación se basa en un entrenamiento constante, una dieta normal y, sobre todo, en cultivar la paciencia y la fortaleza mental. Actualmente, afronta esta aventura "con recursos propios" y sin patrocinadores, por lo que ha aprovechado para hacer un llamamiento a las "instituciones públicas" y empresas privadas de Canarias. Ha recordado que en las islas hay una gran "materia prima de montañistas" que a menudo se desmotivan por falta de apoyo. Su reto, concluye, no es solo por él, sino para "motivar e inspirar" a futuras generaciones de deportistas.