Un estudio multidisciplinar de la Universidad de Córdoba ha constatado que la temporada del polen de las gramíneas se ha ido alargando a un ritmo de casi 4 días más por año durante los últimos 23 años. Este fenómeno, que supone un desafío para las personas alérgicas, se debe a que la floración comienza antes y termina más tarde por factores vinculados al cambio climático. Las abundantes lluvias de este invierno han preparado el terreno para una alta proliferación de gramíneas. La investigadora Herminia García explica que se espera "una primavera en ese sentido intensa", aunque matiza que si las lluvias continúan, podrían provocar "un lavado de la atmósfera" que disminuiría la concentración de polen en el aire. Ante el esperado incremento de las concentraciones y la mayor duración de la temporada, los alérgicos "lo van a pasar un poquito regular", advierte García. Por ello, recomienda seguir los tratamientos preventivos, como vacunas o mascarillas, indicados por los alergólogos. La investigación ha identificado al viento como un factor clave para entender la duración de la temporada polínica. Su influencia varía según la fase: al principio, los vientos suaves favorecen que el polen se acumule cerca de su origen, mientras que en la fase final, vientos más intensos transportan polen desde zonas más lejanas. Este cambio en el régimen de vientos provoca que el polen ya emitido vuelva a levantarse de la superficie y se combine con el que llega de otras áreas donde las plantas siguen activas. "El análisis del viento es una ayuda importante a la hora de explicar el comportamiento de las características de la estación polínica", afirma la investigadora. El análisis de largas series de datos, como los 23 años estudiados, es fundamental para comprender cómo responden las plantas a los cambios meteorológicos. "Cuantos más años estudiemos, mejor podremos conocer cómo son las concentraciones de polen y la relación que se establece entre todos los factores", detalla Herminia García. Este conocimiento permite crear modelos predictivos más precisos para anticipar si una temporada será más intensa o prolongada. Como concluye el investigador Miguel Ángel Hernández Ceballos, "en este estudio estamos caracterizando el pasado para intentar anticiparnos a los escenarios futuros que nos podemos encontrar". De esta forma, se pueden mejorar los sistemas de alerta y tomar medidas preventivas con mayor antelación.