Tal y como estaba previsto, a las 13 horas en punto, una detonación cambiaba para siempre el skyline del Bierzo. Con la explosión caía, primero, la nave de tolvas, y después las dos chimeneas de la Central Térmica de Compostilla II, el último emblema del importante pasado minero e industrial de la comarca. Eso sí , algún tipo de fallo ha dejado en pie, de forma sorprendente, parte de una de ellas. Eran dos imponentes torres, de 270 y 290 metros de altura, que formaban parte del paisaje de la comarca desde que se levantaron, hace medio siglo. Una de ellas dio servicio a los grupos 1, 2 y 3, mientras que la otra pertenecía al 4 y 5. La central abrió sus puertas en 1972, aunque los últimos grupos son más modernos, con una ampliación que concluyó en 1985. Endesa completa así la demolición de las grandes infraestructuras de la central, después de que en el verano de 2023 se dinamitaran, también, las torres de refrigeración. Para la detonación, la compañía eléctrica usó 1.074 kilos de explosivos , que han conseguido demoler las chimeneas, de 44.000 toneladas de peso. Se valorizará el 95 por ciento de los residuos, según comunica Endesa. Estos trabajos han corrido a cargo de la compañía Recifemetal y 4D, empresas especializadas. La primera chimenea tenía una altura de 290 metros, lo que equivale a un edificio de más de 70 plantas. Su base medía más de 26 metros de diámetro. La otra contaba con 270 metros de altura y una base de 22 metros. Ambas se estrechaban arriba. La voladura de las chimeneas, cuyo operativo se inició a las 9.00 horas entre fuertes medidas de seguridad, se vivió con enorme tristeza entre los vecinos de Cubillos del Sil, donde se ubica la central, y las decenas de bercianos que se agolparon en el aparcamiento del campo de fútbol, en la misma entrada de la instalación. Entre ellos Ángel Morales, uno de los operarios más antiguos de la central, quien trabajó en ella prácticamente desde su apertura y que hoy veía el final de este símbolo con «nostalgia». «Es una etapa más. El tiempo pasa y la vida sigue. Quiero pensar que se va a reindustrializar en condiciones. Eso espero», ha declarado a Ical. A su lado, otros vecinos de la comarca, quienes se mostraban apenados por el final de estas chimeneas que llevan viendo prácticamente toda su vida. «Siempre que pasabas por la carretera las veías», señalaba una vecina de Ponferrada. «Solo quieren destruir. Ahora que vayan a por el pantano, que se hizo precisamente para enfriar esta térmica», añadía otro ciudadano. Una hora antes del derribo ha comparecido en el estadio de fútbol de Cubillos del Sil, municipio en el que estaba ubicado la central, el portavoz de Economía, José María Figaredo, y el candidato de la Presidencia de la Junta de Castilla y León, Carlos Pollán, para quien «el derribo de las chimeneas es el ejemplo claro del fanatismo climático que acaba con el mundo rural». El primero ha asegurado que con esta demolición «se ha puesto el último clavo al ataúd del bienestar de Ponferrada», recordando que esta central dio de comer a más de 2.000 familias en la comarca, entre empleos directos e indirectos.