Lucas Eguibar proclamaba que pensaba en el oro porque es de esos deportistas que piensa que hay que poner el foco a lo máximo para lograr un éxito que esté en un punto del camino que distancia al todo de la nada. Pero el donostiarra, consciente de que estos Juegos Olímpicos eran una prórroga de su carrera que en algún momento de los últimos años consideró imposible, sabía que la anhelada medalla era poco menos que una entelequia.