Así es Casa Pepa, la nueva casa «de cuento» de Violeta Mangriñán en Valencia

La nueva adquisición inmobiliaria de Violeta Mangriñán no es un chalet de lujo ni un ático urbano con vistas infinitas. Su última compra mira al interior, a la montaña y, sobre todo, a la memoria. La influencer ha apostado por una vivienda tradicional en Aín, un pequeño municipio valenciano enclavado en la Sierra de Espadán, que se aleja del concepto de ostentación y se acerca más al de refugio emocional. Así es la casa que ha conquistado a la empresaria digital y que, según ella misma, está llamada a convertirse en «de cuento». Consolidada como una de las creadoras de contenido con mayor músculo económico del panorama nacional, la creadora de contenido lleva años invirtiendo en vivienda. Sin embargo, esta compra tiene un matiz distinto: no responde únicamente a estrategia patrimonial, sino a un deseo íntimo de reconectar con su infancia y rendir homenaje a su abuela, a quien ha dedicado incluso el nombre del inmueble. Lejos de grandes dimensiones o arquitecturas modernas, la propiedad destaca precisamente por su carácter tradicional. Se trata de una casa antigua de pueblo, con estructura clásica y estética rural, que requiere una reforma integral. Esa, de hecho, es parte de su encanto para la influencer, que ya ha adelantado que planea transformarla respetando su esencia campestre. «Es una casa muy antigua, pero con muchas posibilidades y pienso dejarla de cuento», escribió en su perfil de Instagram, donde compartió la noticia con sus seguidores. La idea no pasa por convertirla en una vivienda minimalista o excesivamente contemporánea, sino en un espacio cálido, familiar y coherente con el entorno natural que la rodea. El inmueble ha sido bautizado como Casa Pepa, en honor a su abuela fallecida recientemente. Un gesto que refuerza el componente emocional de la operación y que la propia Violeta explicó en redes: «Sé muy bien la ilusión que le hacía ver a todos sus nietos y bisnietos pasar las vacaciones allí todos juntos y así será». Más allá de sus características físicas, la vivienda llegó acompañada de una serie de coincidencias que terminaron de convencerla. Según relató, fue el propio propietario quien contactó con ella meses atrás para ofrecerle la casa, y al visitarla encontró detalles que interpretó como señales personales: el número de la vivienda y el color verde de la puerta. «En octubre, mi padre fue a verla con el arquitecto que me hizo la casa de Valencia… Ese día le dije que la reservara, que era para mí y que había sido gracias a mi iaia», explicó, dejando claro que la decisión no fue únicamente racional.