El hotel con vistas a la Alhambra que es un sueño hecho realidad

El barrio histórico de Granada por excelencia es el Albaicín y se podrían contar tantas cosas sobre él como años tiene de vida, porque ya fue un enclave importante en la ciudad durante el reino zirí, en el siglo XI, y posteriormente, ya en la época nazarí, cuando la Alhambra fue el último reducto musulmán ante el imparable avance de las tropas cristianas, el Albaicín, justo enfrente de la poderosa colina de la Sabika, era el sitio donde vivía la gente, por así decirlo. Se conservan de entonces un montón de vestigios interesantísimos, pero también son muy resaltables los edificios que empezaron a construirse en el Albaicín una vez acabada la Reconquista. A partir del siglo XVI, y sobre todo desde el XVII, algunas familias poderosas se instalaron junto al siempre inquieto río Darro , en casas-palacio exquisitamente decoradas. El panorama era tan grandioso como las vistas de las que disfrutaban sus dueños. Una de esas casas señoriales es ahora la sede de un encantador hotel boutique que lleva por nombre Casa 1800. Se construyó en el último tercio del siglo XVI sobre la base de una antigua casa árabe y fue el hogar de los Condes de Benalúa . Y aunque es evidente que ha sufrido modificaciones desde entonces (lo contrario a lo mejor no habría sido ni saludable), conserva elementos mudéjares de los siglos XVII y XVIII, así como las pinturas murales de estilo renacentista en la fachada principal. O sea, que ir allí es sumergirse en la historia de Granada, que en cierto modo es, al igual que Roma , una ciudad eterna. Porque el viajero que aprovecha para darse una vuelta de noche, cuando el bullicio cesa, por el Paseo de los Tristes, y se embriaga con el perfume de las flores y el rumor del Darro, puede pensar que está en cualquier época. El Darro está a tiro de piedra del hotel Casa 1800. Pero es que literalmente, además, a apenas unos metros. Aunque andar esos metros merece muchísimo la pena, lo cierto es que desde las habitaciones se puede contemplar otro panorama igual de impresionante, si no más: la Alhambra , en todo su esplendor, está enfrente. En el hotel es perfectamente posible desayunar mientras se observa en primer término la Torre de la Vela y en segundo los Palacios Nazaríes. Más al fondo se intuyen los jardines del Generalife y Sierra Nevada , un conjunto de los que se quedan en la retina para siempre. El hotel tiene 25 habitaciones divididas en seis categorías, que conservan los balcones, carpintería, contraventanas, techos artesonados, cúpulas, frescos y paredes originales del siglo XIX . Todas ellas han sido decoradas al detalle y todas tienen unas vistas extraordinarias,: ya sea hacia los patios andaluces o hacia el exterior. «Cada una conserva la autenticidad y el alma de la casa», destacan sus promotores, que tienen esto como lema y como objetivo: «Hacemos posible lo que alguna vez soñaste». Tan bonito es el lugar que el usuario sentirá la tentación de quedarse allí a pasar toda su estancia, sin atravesar el zaguán. Pero sería un error imperdonable en un entorno tan lleno de riqueza patrimonial. El Albaicín es un laberinto de calles que sólo los vecinos que llevan mucho tiempo viviendo allí conocen a la perfección. Dada la situación, no es mala idea perderse. Cuesta arriba, el viajero terminará dando con el archifamoso mirador de San Nicolás, con la Plaza de San Miguel o con el Monasterio de Santa Isabel la Real, paradas todas ellas ineludibles. Si quiere ir sobre seguro, o si tiene más prisa, es aconsejable ascender por la Cuesta del Chapiz o incluso tomar un autobús que dejará en la zona alta en poco tiempo. En esa zona pasan cada cinco minutos o así. Más o menos a la mitad de esa Cuesta del Chapiz se abre otra posibilidad inmensa: girar a la derecha y penetrar en el Sacromonte, el antiguo barrio gitano, donde el ojo bien instruido (o el visitante bien aconsejado) sabrá encontrar un espectáculo flamenco de calidad. Desde allí también hay unas vistas a la Alhambra que cortan el hipo, esta vez con la ciudad al fondo, en la que sobresale la silueta de la catedral, joya renacentista que diseñó Diego de Siloé . Granada no es amiga de las prisas, y quien esté alojado en el Hotel Casa 1800 tampoco debe serlo. Aunque es cierto que en el bajo Albaicín hay una alta concentración de turistas, también lo es que el establecimiento está en cierto modo resguardado , aislado de una algarabía que es, por otra parte, la consecuencia del turismo a gran escala. Entre sus muros, sin embargo, siempre se podrá encontrar la paz que se andaba buscando. No tendría nada de raro, por lo demás, que el viajero alojado en un lugar tan pintoresco y apacible tuviera ganas de probar una experiencia tan relajante y placentera como un baño árabe. La solución la tiene cruzando un puente, como quien dice: en el otro lado del Darro se encuentra el primer Hammam que se montó en Granada, llamado Al Ándalus . Otros han llegado después, pero ninguno ha igualado sus prestaciones. Es un complemento directo, porque está al lado, y desde luego también un complemento perfecto.