Carmen se despide del Gran Poder

El Señor tiene unas cosas que sólo el Señor conoce. Una mujer de avanzada edad ha sido recibida este jueves por la mañana por la hermandad del Gran Poder para poder verlo por última vez y despedirse de Él . Lo ha hecho gracias a la contribución de la Fundación Ambulancia del Deseo, que ha sido junto a la corporación la encargada de acercar a esta devota del Señor de Sevilla hasta sus plantas, y por ende también ante María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, con el fin de poder rezarles a tan sólo unos metros, a sabiendas de que ésta será probablemente su última oportunidad para hacerlo. Esta fundación que también opera en Sevilla es una entidad sin ánimo de lucro que se encarga de cumplir los últimos deseos de personas que sufren enfermedades terminales, crónicas o avanzadas o que cuentan con una inmovilidad grave, como es el caso de Carmen . A sus 93 años recién cumplidos, esta devota que no se perdía un viernes del Señor —y el Señor lo sabe— ha hecho de la escena de las estampitas de los hospitales la mayor de sus certezas ante el nazareno más venerado de la historia de Sevilla. La borrasca le impidió hacerlo la semana pasada, pero nadie duda en San Lorenzo de que los tiempos de Dios son siempre perfectos. En un acto íntimo y de carácter reservado, esta devota del Señor ha llegado en ambulancia acompañada de miembros de la Fundación Ambulancia del Deseo, y también de sus hijas y nietas. De todos los deseos posibles, que en otros pacientes han pasado de conciertos, a ir a partidos de fútbol, lo que ha pedido Carmen es ir a ver una vez más al Gran Poder . Y allí que fue en paz para escuchar la santa misa que allí ha oficiado don Francisco de Borja Medina Gil-Delgado, y en la que ha participado el hermano de la corporación de la Madrugada, Ignacio Soro. Ella se ha quedado muy pegada al altar para verle bien la cara al Señor. Relata precisamente Soro como cabeza visible del Gran Poder que no es la primera vez que uno de sus hermanos emplea esta emocionante forma de amor por sus titulares, ya que por ese pasillo han pasado casos terminales y otros sumamente perjudicados por sus facultades físicas. Todos con nombres, historias y apellidos. «El año pasado vinieron con un paciente desde Madrid. Él era de Sevilla, del barrio de San Lorenzo, estaba en fase terminal y quería visitar al Señor. Lo trajeron desde Madrid , estuvo con el Señor rezándole y a los dos meses falleció», expone Soro. Ahora ha sido Carmen quien ha querido decirle adiós a su gran devoción. «Esta señora tenía muchísimas ganas de verlo porque es devota del Señor y se encuentra impedida», refleja. Se pusieron en contacto con la corporación para que lo pudiera visitar y ellos no dudaron en abrirles las puertas «de par en par», subraya. «Ha llegado en una cama articulada, le ha rezado al Señor y ha participado en la misa», apuntaba Soro, consciente de lo que significa acercárselo a la gente a quien más lo necesita y en los momentos en los que más se le necesita. Un clavel se ha llevado en la mano esta devota, que al igual que todos, dejará la vida terrena para asomarse a la vida eterna para quienes así lo creemos. Hay quien dice que también portaba en su mano una estampita, la del Señor que todo lo puede . ¿Cómo si no hubiera podido llegar al templo? «Ese deseo se ha cumplido», sentencia Soro. La estampita que Carmen llevará a su pecho cada día de su vida ante los suyos para recordarles el día que se despidió del Gran Poder.