Una psicóloga desvela por qué la lluvia te pone de mal humor y cómo puedes evitarlo: "Es normal"

Después de varias semanas de lluvia y cielos grises, es normal sentirse más cansado, irritable o triste. La psicóloga Johana Alamino explica que, aunque no afecta a todos por igual, el clima influye directamente en nuestro estado de ánimo. La razón principal es que la falta de luz solar reduce la producción de serotonina, un neurotransmisor clave para la sensación de bienestar y felicidad. Al mismo tiempo, la ausencia de sol aumenta los niveles de melatonina, lo que provoca una mayor sensación de fatiga y sueño. Esta combinación hormonal, unida a la disminución de la actividad física y a un mayor aislamiento social por quedarse más en casa, fomenta sentimientos de melancolía y desmotivación. Según Alamino, este fenómeno se acentúa en zonas como Andalucía, donde la población no está acostumbrada a periodos tan largos de mal tiempo. A diferencia de lugares como Galicia, donde la vida social no se detiene, en el sur se tiende a un mayor recogimiento. La experta destaca que "los días soleados elevan nuestra energía y el buen humor", un factor que define en parte el carácter andaluz, más propenso a las actividades al aire libre. La importancia de la luz es tal que en países con inviernos largos y oscuros como Finlandia existen habitaciones de terapia de luz para mejorar la salud mental. La psicóloga afirma que "el sol es terapéutico". Sin embargo, advierte de que el calor extremo también puede generar estrés e irritabilidad, e incluso un aumento de comportamientos violentos. Ante la falta de estas ayudas, la psicóloga propone varias estrategias para contrarrestar los efectos del mal tiempo. La primera es aprovechar al máximo la luz solar siempre que sea posible y crear un ambiente acogedor y bien iluminado en casa para compensar la oscuridad exterior. También es fundamental mantener una rutina de ejercicio físico, aunque sea en casa, y dedicar tiempo a prácticas como la relajación o la meditación. Por último, Alamino recomienda "aceptar la lluvia y disfrutar también del sofá", pero sin renunciar a la vida social, organizando reuniones con amigos o familiares para no perder el contacto.