Alberto Greco, un delirante sin igual

Irritante, irreverente, incontinente, intempestivo... En definitiva, Alberto Greco (1931-1965) era, tal y como manifestaron algunos de sus colegas, un completo incordio. Quería estar en todas partes y luego no se presentaba cuando tenía que exponer. Y si, finalmente, llegaba a la sala de exposiciones, podía soltar cualquier cosa perfectamente inadecuada. Entre sus excesos y gusto por el escándalo, tenía siempre el recurso de los ratones, que valían tanto para volver maloliente una galería, en su sarcasmo del arte argentino pretendidamente radical, como convertirse en objetos arrojadizos contra el presidente de Italia en la inauguración de la Bienal de Venecia. Su vida 'legendaria' que reconstruyó a comienzos de los noventa en un impresionante catálogo Quico Rivas (una muestra producida por el... Ver Más