El pasado 29 de enero, la vida de Javier Loira, un vecino de la parroquia de Aríns, en Santiago de Compostela, cambió al abrir la ventana de su casa. Frente a la misma, y en una finca donde antes había "alguna oveja y dos ponis", se encontró con la estructura metálica de una torre de telefonía móvil de 35 metros de altura sin haber recibido ninguna comunicación previa, alterando por completo el paisaje de una zona que él mismo describe como 'privilegiada' y con vistas al Pico Sacro. La reacción inicial fue de "frustración e indignación total", aunque tras esa desgradable soepresa inicial, Javier acudió de inmediato al Concello de Santiago para dar parte de la situación, lo que provocó que la policía urbanística se personara para realizar un informe. Al mismo tiempo, contactó con la Asociación de Vecinos Coto da Nai, que, según sus palabras, ha hecho de esta "causa suya desde el primer minuto". Aunque hay tres viviendas a menos de 100 metros de la estructura y, por tanto, directamente implicadas por la proximidad que marcan las ordenanzas, los residentes consideran que la enorme antena afecta a toda la parroquia sita en el rural compostelano. Así lo ha confirmado Pepe Neiro, presidente de la asociación, que defiende que, de forma directa o indirecta, están 'todos' afectados. En declaraciones al programa Mediodía COPE en Santiago, Pepe Neiro ha explicado que la empresa promotora utilizó un trámite de comunicación previa, una fórmula que permite iniciar los trabajos para que la administración revise su legalidad a posteriori. 'Son hechos consumados y después a ver qué pasa', ha lamentado el presidente de la asociación vecinal. El propio expediente administrativo revela que un informe técnico municipal ya había desaconsejado esa ubicación. Los técnicos del Concello propusieron a la empresa 'dos lugares alternativos que no afectan a las viviendas ni tampoco a los terrenos de especial protección de cultivo', una visión con la que la asociación de vecinos concuerda plenamente. Sin embargo, la empresa desestimó las alternativas sugeridas por el Concello con argumentos que los vecinos consideran insuficientes. 'Es un acuerdo entre un particular y una empresa, y siempre el más fuerte intenta imponerse', ha señalado Loira. Más allá del impacto visual en un 'paisaje excepcional', Javier Loira también ha expresado su preocupación por los posibles efectos de vivir expuesto '24 horas, 365 días' a las radiaciones de baja frecuencia de la antena, aunque reconoce que es un tema con 'mucha polémica'. Con el objetivo de encontrar una solución, los vecinos, a través de la asociación, han solicitado una reunión 'más sosegada' con la alcaldesa de Santiago y los concejales que puedan estar implicados en el asunto. Confían en que el gobierno local pueda forzar un emplazamiento alternativo. Por su parte, Javier Loira se ha mostrado optimista y ha confirmado que confía 'totalmente' en la actuación del Concello. De hecho, ha informado de que la policía urbanística ha vuelto a la zona para 'levantar un nuevo informe', y espera recibir 'muy buenas noticias' tras la futura reunión con el equipo de gobierno, a la vez que ha aplaudido la labor de los servicios técnicos municipales.