Cómo están impactando psicológicamente las inundaciones. Qué hacer en los primeros momentos de crisis

Las inundaciones y demás catástrofes naturales que están ocurriendo últimamente de forma tan frecuente dejan a su paso pérdidas materiales, a veces insustituibles, y, sobre todo, vidas truncadas. Esto significa que, más allá de lo visible, existe un impacto muy significativo: el psicológico. En estas situaciones, el miedo no surge solo por lo vivido, sino por lo que se pierde: el hogar, visto no solo como un espacio físico, sino como un lugar de identidad y seguridad. Se pierden recuerdos, proyectos, rutinas. Y, en ocasiones, se pierde a personas queridas. Todo esto rompe bruscamente la sensación de control y genera una experiencia de indefensión indescriptible: la percepción de que nada de lo que hagamos puede protegernos e, incluso, en algunos momentos, paralización y bloqueo mental que impide actuar. Sientes un vacío existencial que no tiene reparación posible en el momento en el que se vive. Solo sirve la cercanía emocional y, si es posible, la previsión de esto para intentar minimizar; pero, si no ha sido posible, se hace necesaria la protección psicológica, el acompañamiento, un hombro en el que llorar, una mano amiga y abrazos protectores. El aspecto emocional, en los primeros momentos, es el más importante. Desde el punto de vista psicológico, estas situaciones activan los sistemas más primarios de supervivencia. Se entra en alerta máxima, física y psicológicamente hablando, y es entonces cuando aparecen reacciones emocionales intensas que muchas personas no entienden ni siquiera reconocen como normales en sí mismas, reacciones que nunca hubiesen imaginado, sobre todo porque nunca antes te has puesto en la situación de anticipar algo tan devastador. En estas situaciones de catástrofe es frecuente sentir miedo, tristeza o confusión, y más aún cuando mentalmente ya tenemos grabadas imágenes de otras desgracias ocurridas en otros lugares. No obstante, es importante prestar atención a algunas de estas señales cuando ya ha ocurrido esto, como en cualquier otra situación traumática, y entonces sí habrá que intervenir psicológicamente, porque puede generalizarse a otras situaciones y cronificarse en el tiempo: Dificultades para dormir, con insomnio o pesadillas relacionadas con lo ocurrido. Recuerdos intrusivos o sensación de revivir el suceso, que aparecen espontáneamente sin que podamos evitarlo. Evitación constante de lugares, conversaciones o situaciones que recuerdan la catástrofe. Estado de alerta continua, con sobresaltos, nerviosismo o miedo desproporcionado. Bloqueo emocional o funcional, con apatía, llanto frecuente o dificultad para retomar la vida cotidiana. Cuando estas reacciones se mantienen en el tiempo, como comentaba antes, o interfieren de forma significativa en poder hacer una vida normal, insisto en que es importante buscar ayuda psicológica profesional. ¿En qué consiste la ayuda psicológica en los primeros momentos? En las primeras horas y días tras una catástrofe, la ayuda psicológica no consiste en profundizar en lo ocurrido, que reviviría patológicamente la situación del trauma, sino en reducir la sensación de amenaza y devolver seguridad. Una de las intervenciones más importantes es ayudar a cubrir las necesidades básicas: comer, beber, descansar y disponer de un espacio mínimamente seguro en cuanto a necesidades físicas, y también psicológicas. Mientras una persona se siente desprotegida, su sistema emocional permanece en alerta, dificultando cualquier proceso de recuperación. Proporcionar alimento, abrigo, higiene, sueño y orientación práctica sobre la realidad y qué poder hacer ahora ayuda a disminuir la ansiedad y devuelve una primera sensación de control, importante para no entrar en una depresión profunda y tener cierta iniciativa para «hacer» algo activamente. Es importantísimo que el acompañamiento se haga sin juzgar, escuchar sin minimizar el dolor y normalizar las reacciones emocionales que se están teniendo, explicando que no son signos de debilidad, sino respuestas humanas ante una situación extrema. El apoyo social y comunitario son los principales factores de protección frente al trauma. La reconstrucción que comienza tras una catástrofe no siempre se ve. Cuidar la salud mental de quienes lo han perdido casi todo es algo muy necesario y urgente y que creo que aún no se valora así. Porque reconstruir es devolver la seguridad emocional , además de volver a levantar casas y negocios. Las ayudas eficaces y casi inmediatas, físicas y emocionales, serán decisivas para las posteriores manifestaciones psicológicas de estas personas afectadas.