Hace un tiempo me reencontré con una amiga (llamémosla S.) que me contó el infierno que fue su separación. La persona que hasta entonces había sido su compañero de pronto se volvió el más feroz de los enemigos. Por supuesto, nadie se transforma así de la noche a la mañana. Con el paso de las semanas, S. descubrió que su ex la había estafado, aprovechándose de la discapacidad visual que ella tiene. Y así, otras bajezas más. Mi amiga, además, es venezolana en España y estaba sola en aquel trance. Por suerte, al final vino su madre para acompañarla en este proceso, porque parte del calvario era seguir compartiendo casa con el indeseable estafador . «¿Y qué hizo tu madre... Ver Más