En esos trastes con cuchillos, cuchicheaban las hadas de la primavera, mientras los dedos de Rafalillo vestían de punki a las duquelas. Entre tanto bluf y tanta esquela, entre tanto tonto y tanto listillo, más nos valdría acampar en la frontera de la indomable diversión de los chiquillos. Tatuados los secretos que salen de los cuartillos donde el eco del talento truena, ya no hay nada que llevarse al bolsillo ni nada que amortigüe nuestras suelas. De los rizos de aquella melena se descolgaba sobrante algún tornillo, herencia de elegante calavera de la loca genialidad del gitanillo. Dónde para ahora la rebeldía, dónde se hace blando el suelo, en qué lugar la algarabía vendrá a administrarnos su veneno. Quién engolfa... Ver Más