Bajo el sol inclemente de Caracas, que no distingue entre ideologías, dos Venezuelas marcharon por separado en el Día de la Juventud. No era una celebración, sino un pulso . Un termómetro de la tensión que se vive en las calles mientras, en el hemiciclo de la Asamblea Nacional, se debatía el destino de cientos de personas a través de una palabra cargada de esperanza y recelo: amnistía. El aire en los alrededores de la Universidad Central de Venezuela vibraba con una energía olvidada. La rabia y la euforia se mezclaban. «¡Aquí no estamos pidiendo nada más salario , hermano. Aquí estamos pidiendo justicia!», gritaba Richard Jaspe, obrero de la Facultad de Arquitectura, con la voz quebrada por la emoción.... Ver Más