Cataluña se paraliza por un vendaval histórico que abre el debate sobre el uso de alertas

Hacía por lo menos 15 o 20 años que Cataluña no vivía una jornada tan huracanada y, sobre todo, tantas incidencias derivadas del viento. El paso de la borrasca Nils ha desatado un vendaval histórico que, por primera vez, ha llevado a aplicar medidas como el cierre total de todas las escuelas y universidades, a anular la actividad sanitaria no urgente y a pedir a la ciudadanía priorizar el teletrabajo y limitar al máximo sus desplazamientos. Pese a estas medidas, la fuerza del temporal ha derribado árboles, muros y todo tipo de mobiliario urbano en ciudades como Barcelona o Badalona y L'Hospitalet, donde se han registrado rachas de más de 100 km/h. También se han reportado más de 80 heridos y al menos nueve personas hospitalizadas, dos de ellas en situación crítica y tres con pronóstico grave. Más allá del impacto del temporal, que sobre todo ha golpeado el área de Barcelona, la gestión de la emergencia ha sido cuestionada por alcaldes y empresarios que han echado de menos un enfoque territorial más quirúrgico, ya que la alerta y las restricciones se han aplicado por igual en comarcas con distintos grados de avisos.