Alfonso Carrasco defiende el diálogo en la Educación frente a la pretensión estatal de "utilizarla al servicio de proyectos sociales y políticos"

La Iglesia ha conmemorado el sesenta aniversario de la declaración conciliar 'Gravissimum educationis' con un acto en el que responsables eclesiales y del ámbito educativo han reflexionado sobre la vigencia de este documento del Concilio Vaticano II, que sigue ofreciendo claves fundamentales para afrontar los retos actuales del sistema educativo. El encuentro ha servido para subrayar la necesidad de recuperar el diálogo social, defender la pluralidad educativa y situar a la persona en el centro del proceso formativo. El presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, Alfonso Carrasco, ha recalcado en su ponencia que el documento vaticano “retoma contenidos del magisterio anterior al Concilio”, en un contexto marcado por el monopolio estatal de la escuela en el siglo XIX. “El documento busca evitar toda polémica y toma como punto de partida el reconocimiento decisivo de la educación como derecho inherente a toda persona”, ha precisado. Desde esa convicción, añade, 'Gravissimum educationis' asume la necesidad de estar presente en el ámbito educativo. El también obispo de Lugo ha señalado que el texto conciliar propone “un camino de diálogo con todas las pedagogías y actores presentes en la vida educativa”, valorando la personalización de los métodos, la pluralidad y la participación de familias, profesores, alumnos y sociedad civil. En este sentido, subraya que el documento “rechaza la visión estatalista de la escuela” y defiende su función subsidiaria, “la pluralidad y la libertad frente al monopolio ideológico”. El obispo de Lugo recordó las palabras de Benedicto XVI sobre la “emergencia educativa” que vive la sociedad actual, no solo por las dificultades para garantizar el acceso universal a la educación, sino por “la incapacidad del sistema educativo para transmitir los principios fundamentales de la existencia”, reduciendo la enseñanza a la mera transmisión de conocimientos y excluyendo la dimensión integral de la persona. En la misma línea, Alfonso Carrasco ha citado al Papa Francisco, quien denunciaba la ruptura del pacto educativo global. “Se ha puesto en cuestión la participación de las familias, se ha quebrado el consenso social y se ha consolidado el poder político”, ha puntualizado Carrasco, que alerta del riesgo de utilizar la educación “al servicio de proyectos sociales y políticos”. En referencia al contexto español, afirma que la LOMLOE “generó un debate en la sociedad”, pero que en su redacción “se acusó la ausencia de un diálogo real con los órganos representativos de la sociedad y con los protagonistas del campo educativo”. Frente a ello, el documento educativo del Concilio invita a “no acomodarse a la ausencia de un debate real” y a “ser voz profética en defensa del diálogo como forma de estar en el mundo educativo”. Por su parte, el director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, Antonio Roura, ha asegurado que celebrar este aniversario “no es posar la mirada en un documento que envejece, sino dejarnos guiar por una palabra que sigue naciendo”. Roura ha animado a poner el foco en las realidades concretas de escuelas, universidades, centros de Formación Profesional y comunidades educativas, con “su creatividad, su cansancio y sus desafíos reales en las familias”. Asimismo, destaca que el documento conciliar sitúa “en el centro de la educación a la persona, no al algoritmo ni al expediente”. “Educar es un acto de esperanza”, ha apostillado. Desde el ámbito institucional, la presidenta del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, Pilar Ponce, ha puesto el acento en los cambios sociales que han impactado en la vida educativa. “La mujer ha salido del hogar, pero no ha entrado nadie”, señala, describiendo una soledad que se traduce en “falta de seguimiento” y en un fuerte impacto en el contexto escolar. Ponce ha defendido el papel insustituible de la escuela como referente educativo y relacional, especialmente en tiempos marcados por las redes sociales y la inteligencia artificial. “Cuando surge el debate de cuándo va a sustituir un robot al profesor, es importante recordar que seguimos necesitando un buen maestro, referentes que nos permitan crecer”, ha remarcado. El secretario general de Escuelas Católicas, Pedro Huerta, ha indicado que, aunque “el mundo de 1965 no es el de 2025”, el documento conserva plena actualidad. En este sentido, sostiene el paso de una cultura más homogénea a otra fragmentada y la necesidad de una “presencia más significativa de la Iglesia en la educación” ante este cambio cultural. Huerta ha agregado que la escuela ha evolucionado hacia modelos más relacionales y competenciales, pero considera que permanecen elementos esenciales como “la pregunta por el sentido”. “Educamos para formar a la persona de manera integral, para crear comunidad, generar espacios de encuentro y mantener la tensión entre verdad y libertad”, y apunta a la importancia de “formar conciencias libres, pero no vacías, y eso nos sitúa ante un reto permanente”.