La tripulante de servicios a bordo de Alvia, Diana Murciano, ha desvelado en el programa 'El Cascabel' de TRECE la alarmante situación que viven los trabajadores del sector ferroviario. En una entrevista con José Luis Pérez, Murciano ha descrito un día a día marcado por la "tensión permanente" y un "riesgo altísimo", una realidad que ha llevado a huelgas para reclamar más seguridad tanto para pasajeros como para empleados. El reciente accidente en Adamuz (Córdoba), donde falleció su compañero Agustín, ha reavivado el dolor del accidente de Angrois de 2013, donde también perdieron a dos compañeros. "Esto de Agustín ahora ha sido como revivir otra vez todo de nuevo", ha confesado Murciano, añadiendo que David, el otro compañero que iba en la cafetería, "se salvó milagrosamente" tras quedar atrapado más de dos horas. La tripulante, con casi 26 años de experiencia, ha sido testigo de un progresivo deterioro en las condiciones de trabajo, especialmente acentuado tras la pandemia y la liberalización ferroviaria. "Se nos volcaban los carros, las cafeteras botaban, incluso a veces en los portaequipajes alguna maleta se salía disparada", ha relatado sobre incidentes que eran reportados a la empresa y comunicados en los comités de seguridad con Adif y Renfe, sin que se percibieran mejoras. Murciano ha explicado que, aunque ella no ha llegado a sentir miedo, sí ha desarrollado un gran respeto por la profesión. "Hemos llegado a normalizar situaciones que no lo eran", ha afirmado con rotundidad, reconociendo que lo que parecía cotidiano, "al final se ha demostrado que normal no era". Este clima de inseguridad y presión ha provocado que algunos compañeros "hayan cogido miedo", se dieran de baja o incluso abandonaran la profesión. Los propios viajeros habituales notaban el empeoramiento del servicio, con quejas constantes sobre el excesivo movimiento de los trenes. "Es que no puedo trabajar, no puedo ni siquiera escribir", le decían pasajeros que intentaban usar sus ordenadores durante el trayecto, una anécdota que evidencia la pérdida de confort. Según Murciano, esta situación, unida a los constantes retrasos, ha mermado la puntualidad legendaria de Renfe y su competitividad. La tripulante también ha lamentado la gestión tras las huelgas, señalando que el ministerio no recibió a todos los sindicatos, a pesar de que habían advertido a la Agencia de Seguridad Ferroviaria sobre la falta de protocolos. "Me hubiera gustado que alguien del ministerio nos hubiera recibido y nos hubiera dejado expresarnos", ha declarado, sintiendo que su colectivo no ha sido escuchado. A sus 48 años y con una condromalacia rotuliana grado 4, el deterioro de las condiciones, las jornadas maratonianas y la merma de personal hacen mella en su salud. Pese a todo, no se plantea dejarlo por el amor a su trabajo y a la "familia ferroviaria", aunque admite que quizá deba hacerlo por salud, un reflejo de cómo "la alta velocidad", antes "símbolo del progreso de España", ha perdido su brillo para quienes están en primera línea.