RTVE se enfrentaba al reto de elevar las expectativas tras una primera semifinal floja. Ya no era cuestión de audiencias, sino de reivindicar ese salto de calidad que tanto pregonaron en los días previos. Y solo con la salida de Abraham Mateo al escenario para abrir la gala ya mereció la pena. El artista más en forma del país demostró a los que venían detrás cómo se tiene que demostrar actitud sin necesidad de pasarse de revoluciones. Elegante y con sello propio, fue la primera toma de contacto con una gala que prometía llegar cargada de calidad.