Máximo Huerta: «En la lentitud del cuidado reside la verdadera belleza»

Máximo Huerta (Utiel, 1971) no es impermeable a la batalla que libra cada día. Hace años, el periodista y escritor decidió cambiar el brillo de los focos de Madrid por la calma —a veces amarga— de su Buñol natal. Lo hizo por una razón poderosa: cuidar de su madre , afectada por un imparable deterioro cognitivo y las secuelas de un cáncer. Esta entrega absoluta , que él mismo define como un «tránsito difícil» donde ha tenido que renunciar a su vida anterior, es el motor que impulsa su nueva novela , ' Mamá está dormida ' (Planeta, 2026). A través de sus protagonistas, Federico y Aurora, Huerta no solo nos habla de una madre que se despide, sino de una generación de hijos que se descubren como los únicos guardianes de una memoria que se desvanece. —En la novela, el protagonista pasa de ser cuidado a ser cuidador, una transición que usted conoce de primera mano. ¿Es esta historia un retrato de esta «nueva España» que ha pasado del cuidado colectivo a familias frágiles donde el peso suele recaer sobre una sola persona? Es el nuevo escenario. Antes, las familias eran el núcleo donde todos se cuidaban; formaba parte de nuestra idiosincrasia y era algo que no se reclamaba, simplemente se hacía. Pero la sociedad ha cambiado: los trabajos, el tamaño de las casas y el hecho de tener un solo hijo lo condicionan todo. Yo me encuentro en esa situación y muchísima gente se verá ahí también. Nos enfrentamos al vértigo de cómo cuidar y cómo cuidarnos en una sociedad que no parece preocupada por el hecho de que vamos a envejecer y somos frágiles. España siempre ha sido una sociedad de cuidarse en casa, pero ese modelo está en crisis. En la novela, relato esa crítica desde lo pequeño para hablar de lo grande. — Aunque se presenta como ficción, al leerla se percibe una emoción muy real. ¿Cómo ha transitado el camino entre el cuidador que acompaña a su madre en Buñol y el escritor que narra a Federico? La temperatura de una madre que necesita cuidados es la que yo estoy viviendo; es inevitable. Yo no estoy contando una guerra del siglo XIX ni la conquista de un país; estoy narrando la batalla diaria de los cuidados y esa la conozco muy bien. No soy impermeable a lo que vivo y esa presencia emocional está en la novela. He intentado romper el pudor y pasárselo a los personajes. Aunque lo biográfico no sea estrictamente cierto, la emoción del cuidado es absolutamente real. Conozco bien lo que siente Federico. — Cuando uno empieza a hojear 'Mamá está dormida' parece la historia de una madre que se marcha poco a poco, pero al final ese foco se desplaza hacia el hijo. ¿Es una reflexión sobre qué queda de nosotros cuando cruzamos ese umbral de los cuidados y los roles se invierten? — Es una novela sobre los hijos y también sobre las prisas. En el libro apenas hay elementos externos, no hay móviles. Quería retratar la lentitud como lo contrario a esta sociedad de la urgencia donde confundimos lo urgente con lo importante. Desde la novela se reivindica parar. En la lentitud reside el cuidado: cuanto más alargues ese tiempo, más saboreas a esa persona que depende de ti y de la que tú también dependes. Es una doble dependencia. Reivindico el parar para escuchar, para compartir e incluso para enfadarse. — En este proyecto ABC Cuidamos Contigo hablamos a menudo con enfermeras o cuidadoras que nos hablan de un vínculo emocional que permanece hasta el final, incluso cuando la memoria falla. Es algo que está también muy presente en la novela. — Fundamentalmente porque uno de los dos sí recuerda. Mi madre puede dejar de ser ella, pero yo sé quién ha sido. En la persona dependiente, cuya mente es ya porosa y se está evaporando, hay momentos de lucidez de una belleza inmensa. Un gesto de ironía, un reconocimiento o un «dame un beso» tienen un sabor único. He querido buscar la belleza en medio del dolor; no es una novela de sufrimiento, sino de encontrar esos instantes gratificantes que el cuidado también ofrece.