Se celebró por fin la esperada actuación de la Super Bowl estadounidense. Un acontecimiento tan absolutamente ajeno a España que a nadie debería importarle un pimiento, pero el hegemón mundial tiende a imponernos todo lo suyo como si fuera trascendental. Al gallo del corral, Donald Trump, le subió la tensión cuando vio que el estadio se llenaba de latinos bailoteando, cantando en español y reivindicando las raíces de su cultura y su sociedad como América, título que los yanquis quieren monopolizar.