El menorquín Antoni Pons Melià guardaba como un tesoro su diario de guerra. Comenzó a escribirlo el día que salió hacia la Batalla de Mallorca, el 16 de agosto de 1936, y lo terminó el día que se rindió la Menorca republicana, el 8 de febrero de 1939. La odisea que sufrió después casi hace desaparecer un testimonio muy valioso, el de un cabo de ingenieros en las milicias antifascistas durante el verano de la revolución social. Al final, lo conocemos gracias a un artículo del historiador Andreu Murillo en la revista Randa en 1976.