La maldición

Mi madre solía advertirnos de que en nuestra familia había un gen muy peligroso, bueno, ella le llamaba «ramalazo», que circulaba libremente, y que debíamos cuidar de que no se manifestara en nosotros. Hablaba de ello como quien habla de una antigua maldición familiar. Peor: una de esas maldiciones gitanas de las que no se puede escapar. Según ella, era algo capaz de arruinarte la vida para siempre si te descuidabas.