«Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio y, si hoy estoy aquí en el Super Bowl LX, es porque nunca dejé de creer en mí». Hasta hace apenas un par de semanas, en mi entorno, admitir que te gustaba Bad Bunny era sinónimo de que te etiquetaran de garrulo o algo peor. Sin embargo, desde el pasado lunes se ha producido un giro de 180 grados y la percepción del artista por parte de los ‘popes’ que manejan la cosa de la cultura ha cambiado de forma radical y Bad Bunny, de ser visto como un personaje zafio, producto de la cultura reguetonera, ha pasado a convertirse en un auténtico icono cultural, símbolo de vanguardia y de reivindicación social y política.