Sorpasso. Una palabra que parecía haberse borrado del debate público, pero que se ha vuelto a colar en algunas conversaciones a raíz del auge de Vox, que ya ha superado al PSOE en algunas localidades como Teruel o Badajoz. Como contó infoLibre, voces de la formación de Alberto Núñez Feijóo empiezan a temer que también les afecte a ellos. Es decir, que la extrema derecha deje de ser un socio molesto —pero subalterno — y empiece a comportarse como un competidor capaz de disputarle la hegemonía dentro del bloque conservador. La negociación encallada en Extremadura y la campaña que viene en Castilla y León han despertado todos los temores, ante un posible escenario de adelanto electoral en el primer caso y una dura campaña con un Vox disparado en el segundo. Por ahora, el promedio de encuestas publicadas en los últimos días sitúa al PP por delante del PSOE, con una ventaja en torno a cuatro puntos —32% frente a 28%— pero que podría acortarse en campaña, lo que ha llevado al candidato socialista, Carlos Martínez, a ofrecer a Alfonso Fernández Mañueco un acuerdo para apoyar la lista más votada. A esto se suma un Vox que podría estar, según sondeos internos del PP, en torno al 23% o 24% del voto. La extrema derecha, que ha duplicado sus escaños en Extremadura y Aragón, superaría por primera vez la barrera del 20% en un territorio , lo que supone una amenaza directa para los partidos del bipartidismo. La radiografía territorial de Castilla y León —envejecida, rural, con un componente conservador identitario— es, en palabras del experto en comunicación política Eduardo Bayón , un terreno donde el PP puede sufrir "desgaste" tras haber gobernado con Vox y por la desafección creciente. Por su parte, la politóloga Anna López , considera que "un empate técnico" es "posible" pero que "no le daría necesariamente estabilidad" al bloque de la derecha. "Un empate abre una pelea por la hegemonía dentro de la derecha, con un liderazgo disputado, tensiones en pactos y riesgo de repetición electoral", señala la experta, especialista en extrema derecha . López cree, además, que el punto de inflexión puede llegar incluso sin un sorpasso consumado el próximo 15 de marzo. "Dependerá de participación y campaña. En sistemas provinciales, unas décimas cambian mucho el reparto", señala en conversación con infoLibre. Bayón, por su parte, considera que es "difícil" que se produzca este adelantamiento pero añade que "Castilla y León tiene las condiciones" para que ocurra. " Si Vox se acerca al 22-23% y el PP baja del 35%, la distancia se estrecha lo suficiente como para que el relato cambie. No necesitan empatar para que el daño político sea enorme, basta con que la brecha se perciba en reducción", explica el experto. Es decir, que el PP puede ganar y conservar la presidencia pero, aun así, perder autoridad al alimentar la sensación de que Vox es el partido que "sube" y el PP el que "administra" . Por lo que respecta a Extremadura, Vox ha convertido la aritmética en palanca. El líder del partido, Santiago Abascal , lleva semanas desplegando una estrategia de presión máxima. Aunque fue PP quien ganó las elecciones anticipadas del 21 de diciembre, los ultras se reivindican como los verdaderos ganadores de esos comicios, tras doblar sus escaños respecto a 2023. En un contexto de hostilidad manifiesta hacia la presidenta extremeña, María Guardiola , las negociaciones se paralizaron con la campaña aragonesa, pero el calendario electoral no cesa y la investidura debe celebrarse el 3 de marzo. Si Guardiola no resulta elegida, se enfrentará a un segundo intento 48 horas después. Si también fracasa, se abrirá un plazo de dos meses para alcanzar un acuerdo, hasta el 3 de mayo, pero si no logra un apoyo o una abstención de los ultras , deberá celebrarse una repetición electoral . Aunque el PP lleva meses repitiendo que sabe "convivir" con Vox, lo que está sucediendo en Extremadura demuestra que la relación entre ambos partidos no es nada fácil. Los ultras han exigido entrar en el Gobierno con una vicepresidencia y cuatro consejerías "de mando" —Economía, Agricultura, Interior e Industria—, además del cumplimiento íntegro de su programa. Guardiola, acorralada entre la aritmética y el relato, respondió con una frase que resume el dilema del PP en versión autonómica: no puede ser que, ganando con el 43,2% frente al 16,9% de Vox, tenga que "travestirse de Vox" . Pero los ultras, fieles a su manual, niegan que estén por los "sillones" y reivindican el fondo. López cree que los de Abascal juegan al alza porque saben "que el PP necesita sus votos" y "dobla el órdago para demostrar fuerza ante su electorado ". La experta anticipa dos desenlaces. "Esto puede acabar en cesión programática importante. Si el PP acepta exigencias simbólicas fuertes, Vox vende victoria. Si no, puede tensar hasta el límite, pero tampoco le conviene aparecer como irresponsable", analiza. El experto en comunicación lo define como "ensayo general". Así, cree que si Vox consigue arrancar concesiones sustanciales, es decir, no solo cargos, sino políticas, el precedente condicionará "todas las negociaciones posteriores". Así, concluye que a Vox "no le importa tanto gobernar como demostrar que el PP no puede gobernar sin ellos. Eso les da una capacidad de presión asimétrica", sintetiza. El riesgo, por tanto, es doble. "Un PP que gobierna pero que no controla su propia agenda o… una repetición electoral en la que Vox ensaye el desacuerdo como vía para priorizar la competición electoral con el PP". Ambos expertos coinciden en que el verdadero peligro es que Vox domine el discurso del PP . "El PP intenta equilibrar, endurece el discurso en algunas comunidades, pero mantiene ambigüedad nacional. El problema es que esa oscilación refuerza la idea de que Vox fija límites ideológicos y el PP se mueve dentro de ellos", señala López. Esto, apunta, "es un fenómeno clásico de la derecha radical en Europa", el que "no hace falta ser primera fuerza para hegemonizar el debate". "Si el PP asume sus marcos culturales, Vox gana influencia estructural aunque pierda votos", señala. Bayón coincide y considera que estos vaivenes juegan en contra de Alberto Núñez Feijóo . "Debería clarificar una estrategia y dejar de dar tumbos. No puedes decir un día que quieres gobernar con Vox, y al siguiente probar a ver si el PSOE se abstiene", subraya en referencia a los discursos cambiantes de esta semana en Aragón y Extremadura. Y señala que la estrategia del PP debe ser autónoma a la de Vox: "Lo que nunca funciona es copiar los marcos discursivos y la agenda de la ultraderecha. El PP debería construir una identidad propia tan sólida que el votante tenga razones positivas para elegirle , no solo razones negativas para no elegir a Vox”. En ese marco, la hipótesis de "meterlos en el Gobierno para desgastarlos", como plantean algunos barones territoriales del PP , aparece como arma de doble filo. "Puede desgastarlos si gestionan mal, pero también darles estructura y visibilidad. No es una vacuna automática", afirma la politóloga. Bayón lo remata con su condición imposible: solo funcionaría si el PP controla el relato y Vox queda subordinado, pero, "en la práctica ocurre lo contrario". "Vox usa el Gobierno como escaparate, se atribuye éxitos identitarios y culpa al socio mayor de las renuncias", zanja el experto.