Vox ha pegado un subidón histórico en Aragón. Masticando lentamente la comida resisto la inquietud que me produce la noticia expresada con detalle en el telediario de las tres. –¿Bueno, qué pasaría si ganara Vox?, pregunta mi hijo de 15 años. –Que echarían a todos mis amigos, responde mi hijo mayor, de 17. –No creo, no son tan radicales. – Son iguales que Trump, hijo . –¡Qué va! Eso en España no pasaría. Pues tengo malas noticias para todas las personas que piensan que eso en España no pasaría porque sí, sí pasaría. Vox participó 14 meses en gobiernos regionales junto al PP, hasta que Abascal rompiera las coaliciones en 2024. En este tiempo el partido ultra marcó una agenda plagada de simbolismo. Impulsó acciones en las líneas principales de su programa electoral. En las cinco regiones en las que gobernó en coalición, incrementó los fondos y recursos destinados a la seguridad. También promovió reformas en las leyes de coordinación de policías locales. Además, desde los ayuntamientos de esas mismas regiones, creó nuevas unidades operativas como los Grupos de Respuesta Inmediata en Valladolid o la Unidad de Seguridad, Apoyo y Prevención (USAP) en Valencia. Todo para luchar contra la okupación y la inmigración. También bloqueó la financiación de centros de acogida y vetó la colaboración pública con ONG que trabajan con migrantes. Además impulsó las acciones para limitar la diversidad sexual. La situación de fuerza minoritaria de Vox no le permitió llevar a cabo cambios estructurales. Y, seguramente por eso, Santiago Abascal decidió salirse de los gobiernos a tiempo, antes de quemarse por no ser capaz de impulsar la agenda que necesitaba para controlar el sistema . Es decir, pusieron las semillas y se fueron. Y unos meses más tarde, ¡sorpresa!, cuando los gobiernos en minoría del PP se han visto obligados a repetir las elecciones, los escaños de Vox se han doblado. También hay que señalar que, a diferencia de los partidos más progresistas, en los dos casos en los que ya ha habido elecciones, Aragón y Extremadura, Vox apostó por enseñar la patita en el campo y el medio rural. Apoyó a los agricultores con ayudas directas, flexibilizó las normas ambientales en zonas rurales y promovió la "ley de caza". Escuchó las voces olvidadas y les dio pan y circo, arrancando votos a todos los partidos sin excepción. Esta es una importante nota al pie para recordar de qué va esto de la política. El paralelismo de lo que ha hecho Vox con lo que ha hecho el presidente Trump es innegable. La combinación de narrativa de seguridad y control con migración y todo aderezado por un racismo y clasismo mediáticos es la receta de base que ambos comparten. La periodista Nesrim Malik explica en The Guardian ese maridaje narrativo entre la necesidad de defenderse de un enemigo que viene de fuera y vive dentro y la ley y el orden . Según la autora esto es lo que ha permitido a Trump convertir al ICE, una policía dedicada al control migratorio, en su guardia pretoriana ante la pasividad inicial de propios y extraños. Ya durante su primer mandato Trump incrementó el presupuesto de ICE en más de 2.000 millones de dólares y firmó una orden ejecutiva para contratar a 10.000 agentes adicionales que se sumarían a los 20.000 que estaban en activo. Biden no tuvo tiempo ni fuerza para deshacer lo andado. Cuando Trump llegó a su segundo mandato ya tenía una parte del trabajo hecho. Ahora mismo el ICE tiene más financiación que muchos ejércitos nacionales, ha sumado 12.000 agentes extra a su cargo y ha triplicado su presupuesto en un año: 28.000 millones de dólares para 2026. Esto forma parte de un modus operandi común a todos los líderes y partidos pertenecientes a la franquicia antimigratoria, que han bebido de las ideas de Steve Bannon y a la que pertenecen Santiago Abascal, Meloni y Donald Trump. "¡Qué daño han hecho los ultras de izquierdas y de derechas a este país!", me comenta una señora que fue diputada del PP en tiempos de Aznar y se autodefine como “moderada” . Señora, pienso yo, los ultras no tienen nada que ver entre sí. La ultraizquierda de la que usted habla gobernó en coalición y sacó las leyes para conseguir que todas las personas fueran respetadas como iguales. La ultraderecha está construida sobre la certeza de que solo unas pocas personas merecen un trato humano. Y la cuestión es que cuando se habla de derechos no se puede ser “moderada”, porque los derechos o son universales o son privilegios. Este es al final el quid de la cuestión: la universalidad del bienestar y cómo trabajamos para custodiarla. Cuando tienes enfrente a un grupo de bullies, lo único que puedes hacer es ser más bully que ellos. Pero eso no quiere decir que tengas que usar los mismos recursos. En este sentido, el progresismo ha cometido dos errores garrafales. El primero ha sido pensar que el odio se combate con odio. Pero resulta que no, el odio se combate con amor. Así lleva dejándolo claro Benito Antonio Martínez Ocasio, aka Bad Bunny, en sus intervenciones públicas de los últimos días; desde la recogida de su Grammy al mejor álbum del año, el primero en español de la historia que se hace con este premio, a su histórica actuación en la Super Bowl. "La única cosa más poderosa que el odio es el amor", rezaba el cartel principal del estadio en el que actuó. El segundo gran error ha sido pensar, como “la señora moderada”, que disminuir la desigualdad era un mensaje ultra. El estado ideal del bienestar solo puede estar forjado en espacios igualitarios, en todos los sentidos. Amor y derechos, ese es el camino para hacer frente a todos los totalitarismos, del trumpismo a Vox. Estos días, el presidente Pedro Sánchez ha probado esta nueva receta contra la franquicia ultra, que lo ha catapultado al estrellato internacional. Ha anunciado una regularización extraordinaria histórica , por cómo se ha desarrollado en el espacio público y por su simbolismo en el momento actual. Pero lo más interesante es cómo el presidente se ha subido a la ola y ha surfeado las críticas con una narrativa del amor, los derechos y la alegría. No sé que habrá pensando al mandar esos tuits gloriosos a Elon Musk, pero a mí me ha hecho sentir de maravilla. La duda es si será capaz de aguantar el tirón de la presión nacional y si esto le servirá para mejorar su popularidad en España . Sea como fuere es difícil pensar que el PSOE puede ocupar espacio en los segmentos más ambiciosos de nuestro espectro progresista. Con Sumar en plena caída y Podemos casi desaparecido urge una nueva propuesta que nos explote la cabeza. Parece que Rufián se ha apiadado de nosotras y va a presentar una alternativa de unión de la izquierdas incluyendo a las propuestas nacionalistas. Emocionada veo que hay previsto un conversatorio entre él y el magnífico Emilio Delgado . “Es un dream team ”, pienso. La realidad es que mis hijos conocen a muy pocos políticos y uno de ellos es Rufián. En una época llena de sucesos históricos, este punto de giro estaría desde luego a la altura de lo que necesitamos. Lo que puede protegernos del auge de la ultraderecha es un Pedro Sánchez valiente y atrevido, y una coalición de izquierdas muy fuerte e inspiradora que desactive la abstención . Porque, no lo dudemos, si la tendencia se mantiene y Vox llega al poder, hará lo que dice su programa. Y, en ese caso, es posible que dejemos de vivir en paz en este país. Es cierto que España no se parece tanto a Estados Unidos, pero Vox sí se parece a Trump. Que no se nos olvide. ________________ Lucila Rodríguez-Alarcón es cofundadora y directora de la Fundación porCausa.