El paso consecutivo de las borrascas Leonardo y Marta por Andalucía ha vuelto a poner sobre la mesa algunos de los principales retos del campo andaluz y ha confirmado una situación de emergencia para el sector primario. Las lluvias torrenciales y los fuertes vientos han dejado su huella en el patrimonio más valioso del campo: su suelo fértil. Junto a las inundaciones y las consecuencias visibles en infraestructuras, viviendas, cultivos y animales, y los trágicos daños personales, los efectos más duraderos se están produciendo en la superficie, con una aceleración de los procesos de erosión, especialmente en las zonas de cultivo de olivar y cereal. El agua que con tanta expectación observaban los curiosos desde el puente romano de Córdoba, y en tantas otras localizaciones de la cuenca del Guadalquivir, no debía su color marrón a la suciedad, sino a las miles de toneladas de suelo arrancadas a la Tierra.