El Gobierno ruso empuja a sus ciudadanos hacia un mensajero nacional supervisado por los servicios secretos, pero no ofrece alternativa a su Ejército Hemeroteca - Había “alguien en el medio”: otra investigación destapa nuevos vínculos de Telegram con la inteligencia rusa La guerra de Vladímir Putin contra Telegram viene de lejos, pero, en los últimos días, el Kremlin ha dado un paso casi definitivo hacia el bloqueo total de la aplicación. El Gobierno ruso ha ralentizado la plataforma hasta inutilizarla para muchos de sus más de 60 millones de usuarios en Rusia. Las autoridades acusan a su fundador, el también ruso Pável Dúrov, de saltarse las leyes rusas, pero él asegura que lo único que pretende el Estado es limitar la libertad de expresión y promocionar Max, el servicio de mensajería nacional de reciente creación y que coopera plenamente con el FSB, los servicios secretos. Después del bloqueo de WhatsApp hace tan solo unas semanas, este movimiento del Kremlin no solo ha causado indignación entre la ciudadanía, sino que ha generado malestar en el Ejército. Decenas de soldados y blogueros militares se han quejado de que Telegram es vital para las comunicaciones en el frente y para la defensa antidrones. Sin embargo, el Gobierno ruso no parece darse por aludido ni muestra síntomas de renunciar a su afán de desconectar a Rusia del internet mundial. ¿Por qué Telegram? Los problemas de funcionamiento empezaron sin preaviso entre el 9 y el 10 de febrero. La inquietud ciudadana llevó a Roskomnadzor, el órgano estatal que regula las telecomunicaciones, a emitir un comunicado admitiendo la ralentización de Telegram. La agencia defiende que la plataforma “incumple sistemáticamente la legislación rusa” al no proteger los datos personales de los usuarios, al no disponer de “medidas efectivas” para combatir el fraude y al permitir que se use “para fines delictivos y terroristas”. El comunicado abre la puerta a levantar las restricciones “si se corrigen las infracciones”. El Kremlin no tardó en apostillar la posición de Roskomnadzor. Su portavoz, Dmitri Peskov, se limitó a decir: “Es una lástima que la empresa no la cumpla [la ley rusa], pero hay una ley que debe seguirse”. El diputado de la Duma Estatal (la cámara baja) Andrei Guruliov fue más allá al sugerir que las acciones contra Telegram son “parte integral de la lucha entre nosotros [Rusia] y la OTAN”. Y añadió: “Entiendo que esto sea inconveniente para muchos, incluso para mí. Pero los tiempos aprietan, las amenazas son inminentes y debemos responder”. También la justicia toma parte en la campaña de presión. El mismo día que se anunciaba el bloqueo parcial, un tribunal de Moscú multaba a la compañía con el equivalente a 117.000 euros por no eliminar datos sobre la venta de alcohol e información que desacredita a las Fuerzas Armadas Rusas. Esta sanción se suma a otras que la empresa adeuda por valor de aproximadamente 325.000 euros y todavía se enfrenta a más causas pendientes. La extraña relación de Dúrov con el Kremlin A las pocas horas del anuncio de la multa, Pável Dúrov respondía a través de una publicación en Telegram acusando al Kremlin de “intentar forzar a sus ciudadanos a cambiar a una aplicación controlada por el Estado diseñada para la vigilancia y la censura política”, en referencia a Max. El dueño de la aplicación señaló que Irán había probado la misma estrategia en 2018 y había fracasado, ya que la mayoría de iraníes continuaban utilizando Telegram esquivando la censura. Y lanzaba una advertencia a Putin: “Restringir la libertad de los ciudadanos nunca es la respuesta correcta”. Se da la circunstancia de que Max ha sido desarrollado por VKontakte, la principal red social rusa, actualmente propiedad del Estado, pero que fue cofundada por Dúrov en 2006. Ocho años después, en 2014, vendió sus acciones y abandonó el país tras denunciar que el Kremlin había pedido al sitio web que entregara los datos de los usuarios ucranianos. El creador de Telegram, Pável Dúrov, en una imagen de archivo. Ya en 2018, después de haber lanzado Telegram, las autoridades rusas vetaron la nueva plataforma porque Dúrov se negaba a almacenar los mensajes y el tráfico de sus clientes y proporcionarlos a los servicios de seguridad. El contexto no era casual, ya que se avecinaban unas elecciones presidenciales en las que tenía intención de concurrir Alekséi Navalni , el principal opositor al régimen. El equipo de Telegram consiguió sortear el bloqueo y, en 2020, Roskomnadzor levantó oficialmente la prohibición. El motivo que trascendió fue que el fundador de la aplicación había aceptado colaborar en el “combate contra el terrorismo y el extremismo”. Aquella amnistía desató rumores sobre la posible cooperación de Dúrov con los servicios secretos. La relación del empresario con el Kremlin siempre ha sido ambigua. A pesar de su enfrentamiento público, Dúrov viaja con frecuencia a Rusia mientras niega que el FSB haya pedido nunca datos sobre los usuarios del servicio de mensajería. Fin de la tregua Sea como sea, la tregua parece haber llegado a su fin. Según cuenta el medio independiente ruso Mediazona , ocho años después del primer intento de bloqueo, el Gobierno ruso dispone de muchas más herramientas para interrumpir el funcionamiento de Telegram. Gracias a la ley rusa para un Internet soberano, Roskomnadzor tiene la capacidad de bloquear completamente el acceso a la plataforma. Solo el uso de una VPN, una red que conecta el dispositivo a un servidor ubicado en el extranjero, permite burlar el veto. Y aun así, el Kremlin está logrando tumbar estas redes privadas y muchas de ellas ya no sirven. No obstante, parte del entorno de Putin descarta por ahora la censura total de Telegram. Según explican fuentes de la Administración del Presidente a Viorstka , el bloqueo definitivo podría llegar antes de 2027. Según la fuente, la prohibición completa es posible que suceda en septiembre, cuando se celebren las elecciones a la Duma Estatal. Las autoridades temen una reacción negativa contra el previsible resultado abrumador de Rusia Unida, el partido de Putin, según advierte esta información. Críticas de los afines al régimen Una de las paradojas de esta campaña de acoso y derribo contra Telegram es que en Rusia la gente lo usa mucho más que como un chat; es uno de los principales vehículos de información. Todos los medios tienen sus canales, igual que el Kremlin, los altos funcionarios públicos, los órganos estatales e incluso Roskomnadzor. Es por eso que la decisión tampoco ha gustado a personalidades favorables a Putin. Por ejemplo, el gobernador de Bélgorod, probablemente la región rusa que más está sufriendo los ataques ucranianos, defendía en su canal de Telegram que es una herramienta clave para la comunicación de emergencias. Eso sí, animaba a sus conciudadanos a descargarse Max. Ekaterina Mizulina, jefa de la Safe Internet League, una entidad que lucha contra el contenido crítico con el régimen y es conocida por denunciar a figuras públicas, enfatizó que “no apoya” las restricciones a la plataforma y que “perder una herramienta tan vital para promover ideas y una posición prorrusa sería un simple error”. De hecho, Telegram fue y sigue siendo la red que encumbró a los blogueros militares. Con la invasión de Ucrania, decenas de soldados, creadores de contenido y periodistas proguerra encontraron en este medio una vía para relatar de primera mano la realidad del frente, muchas veces ocultada por el Ministerio de Defensa. Alarma en la primera línea, pánico en la retaguardia Pero no solo los comentaristas militares usan Telegram, sino también los soldados rusos de primera línea. La noticia de la ralentización de la aplicación ha caído como un jarro de agua fría en las unidades del frente que dependen de ella. Los oficiales estiman que la pérdida de la transmisión de vídeo e imágenes en tiempo real que permitía Telegram reduce la eficacia de la coordinación entre un 20% y un 30%, especialmente en logística y designación de objetivos, según la publicación probelicista Likbez . “Me gustaría preguntarle a Roskomnadzor: ¿acaso nos lo preguntaron? ¿Alguno de ustedes vino a averiguar si esto sería útil?”, preguntaba un soldado en un video recogido por el canal LPR1 . Otro añadía en el mismo canal : “Es muy difícil trabajar cuando hay una locura total en la cúpula. Son totalmente incompetentes. Parece que actuamos primero y pensamos después. Aún no han logrado crear una alternativa a Telegram. Están obligando a todos a usar Max y VKontakte por la fuerza. Y el resultado es una interrupción de la comunicación entre todos y la muerte de soldados”. Según el soldado Serguéi Koliasnikov , casi toda la comunicación entre los servicios de ambulancias se organiza a través de Telegram: la herramienta se utiliza para hablar entre equipos, retransmitir llamadas y enviar electrocardiogramas a la unidad de cardiología. “El comandante del pelotón acaba de declarar con enojo: quienes bloqueen Telegram arderán en el infierno”, aseguraba. El bloqueo de Telegram también podría obstaculizar la capacidad de los sistemas de defensa aérea rusos para repeler ataques con drones. “Estamos luchando contra drones enemigos para evitar que lleguen a nuestra querida patria, Rusia, y Telegram es nuestro único canal de comunicación. No nos lo quitéis”, suplicaba un soldado desplegado en la retaguardia. El analista militar independiente Kirill Mijailov confirma al medio ruso opositor Agentstvo que las unidades que combaten drones “prácticamente carecen de equipos de comunicaciones militares, que son más necesarios en el frente”. El canal Z Military Observer también coincide en que Telegram es “el único medio” para los grupos móviles de defensa aérea rusos. Ahora bien, a pesar de las evidencias, el Kremlin niega el problema. “No creo que sea posible imaginar comunicaciones de primera línea proporcionadas a través de Telegram o cualquier otro [ software de mensajería]”, afirmaba este miércoles Dmitri Peskov. Cegados por Starlink: llueve sobre mojado Este caos se suma al provocado hace unos días por la decisión de Elon Musk de desconectar al Ejército ruso de la red satélite de Space X, Starlink. Ucrania llevaba años quejándose de que los rusos pirateaban esta señal para conectarse a Internet. Y, finalmente, el magnate accedió a bloquear las terminales rusas que operaban de manera furtiva. Este gesto provocó en la comunidad militar rusa una reacción similar al bloqueo parcial de Telegram, aunque sus consecuencias podrían ser más graves. Starlink era fundamental para la coordinación entre el frente y los puestos de mando, además de para la autonomía de los drones. La confianza del Kremlin en la tecnología occidental ha dejado sin alternativa a las tropas rusas, que ahora solo pueden comunicarse a través de radio, con un mayor riesgo de que las conversaciones sean interceptadas o interferidas. Y en cuanto a los aparatos no tripulados, se ven obligados a utilizar cables de fibra óptica, con un menor alcance. Anatoli Rádov, bloguero militar ruso , se mostraba absolutamente desolado: “Si desactivan Starlink, lucharemos como hace dos años. Será una auténtica batalla. Cara a cara. Starlink definitivamente ha cambiado la guerra”. Los observadores militares independientes son más cautelosos. “Suponemos que habrá un impacto, aunque no tan significativo como muchos intentan imaginar actualmente”, apuntaba a la publicación Vazhnie Istorii un analista del Conflict Intelligence Team. “En general, el número de asaltos en sí quizá no disminuya, pero su eficacia, y, por tanto, el ritmo de avance, se podría ralentizar”, concluía. En este sentido, un alto funcionario de la OTAN ha declarado este miércoles que las fuerzas ucranianas han logrado avances en la región meridional de Zaporiyia gracias a la pérdida del acceso a Starlink por parte de los soldados rusos. La preocupación entre las filas rusas es tal que el principal propagandista de la televisión estatal, Vladímir Soloviov, pidió a Trump que obligara a Elon Musk a reconectar las tropas rusas a Starlink. A la vez, amenazó al propietario de Space X con un ataque nuclear al espacio para destruir sus satélites. Los lamentos del Kremlin llegaron hasta las Naciones Unidas. El representante permanente ruso en la ONU, Vasili Nebenzia, exigió que se desactivara Starlink a nivel mundial con el pretexto de que es usado por terroristas, incluido el Estado Islámico. Desde su punto de vista, Space X está violando el derecho internacional.