La directora de 'Una joven prometedora' y 'Saltburn' adapta el clásico de la litertatura en una simple versión que se cree mucho más moderna y provocadora de lo que realmente es El resurgir de ‘Cumbres borrascosas': por qué el clásico de Emily Brontë sigue fascinando a lectores y espectadores 50 sombras de Grey, el petardazo editorial escrito por E.L. James, nació como un fan fiction de Crepúsculo . Es decir, una creación de una fan en una página web que, a través de los personajes de la saga fantástica de amor entre un vampiro y una humana, fantaseó con una nueva historia creada a partir de su imaginación. Los fan fiction se popularizaron muchísimo entre una comunidad fan que se enganchaba a las sagas literarias (principalmente a aquellas que mezclaban el fantástico y el romance) y de la que salieron muchísimas autoras que comenzaron en la autopublicación y fueron fichadas por editoriales para crear novelas románticas, uno de los géneros de moda que, además, no para de provocar mediocres adaptaciones en forma de serie y películas para cine y plataformas. Simplificando mucho, estas novelas tienen unas cuantas cosas en común. Primero, todas están marcadas por el amor. Un amor que escondido en una falsa modernidad (en cómo hablan, o los temas que hay a su alrededor), no es más que la perpetuación del ideal del amor romántico. La otra es la presencia, abundante, de un sexo que está filtrado por la mirada normalmente femenina de sus autoras. En el fondo, lo que repiten son los tropos de las novelas rosas de toda la vida. Esas que en la librería muestran en sus cubiertas a mujeres con corsés apretados siendo agarradas por un caballero de buen porte a punto de besarlas. Esa imagen, la de una mujer con un corsé y un hombre al que desea y con el que tiene un amor que roza lo tóxico pero que se vende de romántico, aparece de forma casi literal en la adaptación que ha hecho Emerald Fennell de Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Una película que llega tras una inteligentísima campaña de promoción en donde se han vendido dos cosas. La primera, el innumerable desfile de vestidos de la alfombra roja que hacen referencia al derroche del filme. La segunda, la supuesta presencia de mucho sexo y erotismo en una adaptación que su autora ha dicho que responde a cómo la sintió ella cuando leyó la obra original siendo una adolescente. El problema es que esa mirada adolescente de Fennell parece la de una de esas lectoras de Crepúsculo que hicieron un fan fiction con sus protagonistas. La versión de Cumbres Borrascosas que ha hecho Fennell parece realizada por alguien cuyo único interés en el original de Emily Bronte fuera el amor imposible. En los ojos de la directora de Una joven prometedora y Saltburn , Cumbres Borrascosas no es más que una fantasía erótica de una lectora de novela rosa. Una mirada más cercana a las novelas young adult que a un libro al que quita cualquier atisbo de complejidad. La de Fennell es una propuesta que convierte una novela que hablaba de un amor atravesado por el conflicto de clase, raza y género, que era turbia, violenta y vengativa, en una fetichización que podría describirse con uno de esos tags que se usan en las novelas románticas actuales, enemies to lovers , o algún tropo similar con los que resumen lo que se van a encontrar para no llevar a sus lectoras a un chasco. Eso es frustrante porque no solo convierte una obra compleja que se adelantó a su tiempo en una película tremendamente conservadora, sino también porque la directora parece refutar sus obras anteriores. Si en Una joven prometedora pasaba por un filtro pop la cultura de la violación y convertía el Toxic de Britney Spears casi en un coro griego que anticipaba la tragedia, y en Saltburn revisaba Teorema de Pasolini para acabar contando que solo el crimen y el sexo son las opciones para ascender de clase en este mundo; aquí apuesta por una mirada pop que elimina cualquier tema que no sea el amor más allá de cualquier fuerza de la naturaleza. Además, la promesa promocional de una película erótica llena de sexo resulta una operación de marketing destinada a la decepción. En esta Cumbres borrascosas se nos cuenta que entre ambos surge pronto una pasión desmedida que les lleva a estar cachondos todo el día, y que esa calentura se alargará hasta el esperado encuentro. Sin embargo, todo se limitará a unas cuantas metáforas alimenticias simplonas con productos viscosos. El sexo de esta película es tremendamente pacato y antiguo. Rodado como una película erótica de hace décadas que no se atreve a proponer nuevas formas de mostrar el sexo ni el erotismo. Eso sí, para que no digan que era mentira, Fennell comienza su película con un ahorcado teniendo una erección. Es, de lejos, la propuesta más arriesgada de toda la película, ya que comienza con un sonido que el espectador considera de lujuria para mostrar que es la agonía de alguien a punto de morir. La unión de muerte y sexo de toda la vida que solo sirve como ocurrencia feliz puntual. Jacob Elordi y Margot Robbie en medio de la ampulosa puesta en escena de Fennell en 'Cumbres borrascosas' Ni siquiera se atreve a realizar una propuesta similar a la de Más que rivales (Heated rivalry) , la serie del momento que adapta una saga de novelas románticas y que, si bien sigue los mismos patrones y nace de los mismos sitios, apuesta por una mirada mucho más arriesgada al sexo, aunque sea una representación del sexo gay marcada por la escritora de las novelas originales, lo que ha sido una de sus principales críticas. Aquí lo más explícito que hacen Margot Robbie y Jacob Elordi es meterse muchas veces los dedos en sus respectivas bocas, en un gesto que suena a viejo. El problema es que no hay en la propuesta ni rastro de ironía. Todo lo anterior podría haber funcionado si Emerald Fennell hubiera puesto la mala leche que acostumbraba tener para reírse de las novelas románticas, de la fetichización que han provocado y de las relecturas modernas cuquis y rosas en tiempos de TikTok. Sin embargo, ha optado por hacer una de ellas. Una condenada a ser comentada en reels de Instagram, donde analizarán cada gesto entre sus dos protagonistas, cuya química es escasa y que quedan eclipsados por los intérpretes jóvenes (entre los que destaca Owen Cooper, el niño de Adolescencia ). Fennell no es Baz Luhrman. No ha querido serlo. Ojalá. Porque Luhrman es consciente de su estilo, de lo hortera de su propuesta, del kitsch y del brilli brilli. Emerald Fennell ha convertido Cumbres Borrascosas en una revista de decoración y vestidos que parecen solo responder al capricho estético, y, de nuevo, fetiche de su creadora. No hay justificación para la mayoría de las propuestas visuales que propone (¿por qué hay ladrillos blancos donde matan a los animales más allá de porque quede bien en cámara?), y muchas de ellas son simplonas, como los colores de las habitaciones o poner una pila de botellas enormes para dejarnos ver el alcoholismo de un personaje. Decía Fennell que quería que su Cumbres Borrascosas sea el Titanic para una nueva generación. Ojalá esa nueva generación siga teniendo en Jack y Rose a sus referentes y aproveche esta decepcionante versión para leer la novela original de Emily Bronte.