Aún reconociendo que el turismo ha supuesto un cambio enorme en los niveles de vida de la población balear, su propia evolución ha ejercido una fuerte presión sobre el medio ambiente y un aumento generalizado en gastos de infraestructura que elevan el coste social de la actividad. La masificación que se produce especialmente en los meses de verano genera una externalidad negativa sobre los residentes y sobre las otras actividades, y unos gastos extras que hay que financiar. Si se grava con un impuesto esta actividad, se desplazaría la curva de oferta en sentido ascendente, es decir se encarecería la producción. La nueva curva de oferta mediría el coste social y el resultado serían menos turistas y mayor precio.