Crítica de "Historia del buen valle": la voz de las plantas

El Buen valle, Vallbona, es un barrio periférico, un arrabal, una arcadia aislada y cercada por un canal acuífero, un entramado ferroviario que allí no tiene apeadero y una red de autopistas por la que circulan coches siempre acelerados, siempre con prisa. Unos huyen de Barcelona, otros van a su encuentro, pero nadie se repara en el llamado valle bueno. Tan cerca y tan lejos de la gran ciudad está ese islote sin historia, que la Vallbona de hoy se ha convertido en una aldea global repleta de desheredados. Sus habitantes provienen de todo el mundo: de la India, de Brasil, de la España de la posguerra y del éxodo marroquí. Sus gentes cohabitan más que conviven, apenas se rozan pero todos se bañan en el mismo río... si la autoridad lo permite.